Dos cortos se cuentan con una línea. En Threads, una línea roja y delgada, palpitante, atraviesa la película como una arteria gráfica; Torill Kove dibujaba en una tableta básica, con uno de los pinceles que el software trae preconfigurados, porque mantenerlo simple le facilitaba probar cosas nuevas. En Once Upon a Line, la línea lleva al protagonista de casa al trabajo, siempre de izquierda a derecha, y cambia con él cuando conoce a la chica de sus sueños.
Alicja Jasina insiste en que en la animación importan la idea y las emociones, no la cantidad de detalles, y en que cada elemento debe servir a la historia; Kove dice que en Threads le interesa más crear un sentimiento que contar una historia.
Paul Cabon, en Le Futur Sera Chauve, buscó otra cosa: improvisar lo más posible, para conservar el aire desordenado que prefiere en su animación.