Mr Director es un documental de arte que no existe, contado como si existiera. Su protagonista, un cineasta de ego descomunal, repasa su carrera ante la cámara con fragmentos de sus películas, entrevistas de archivo y escenas de detrás de cámaras. La sinopsis oficial lo presenta como «el mayor ego de la dirección de cine»; para Martin es un «genio» autoproclamado y «una máquina de ego unipersonal».

Según Skwigly, los carteles y las fotos fijas de las películas del protagonista se hicieron para el cortometraje, con «paralelismos graciosos» con otros clásicos de la pantalla grande; entre sus películas está Robots v Bananas. Martin nombra Lost In The Woodland, la primera película del personaje, y The Great Experimental Adventure, uno de sus fragmentos favoritos: un homenaje, dijo, a una escena de The Meaning of Life. «Hay guiños a un montón de cosas», contó a Directors Notes. «Espero que parte de la diversión sea intentar encontrarlos».

Martin veía muchos documentales de arte, y un episodio de Imagine, una serie de arte de BBC One, en el que un grupo de pianistas hablaba de sus carreras en un lenguaje muy grandilocuente, le pareció material para satirizar. Así planteó la película como un documental de arte sobre un director pretencioso. Antes había construido un decorado de bosque que acabó siendo el de Lost In The Woodland: intentaba escribir un corto sobre cuatro personas alrededor de una fogata, pero los guiones eran «terribles». De ahí le vino la idea de un cineasta que creía que todo lo que hacía era lo mejor, cuando en realidad le salía bastante chapucero. Los jóvenes de la fogata pasaron a ser una película dentro de la película, y Martin empezó a planear el resto de la carrera del cineasta.

Me encanta la animación artesanal, en la que se ven las huellas dactilares y se percibe en pantalla la naturaleza táctil de los personajes, la utilería y los decorados.

Directors Notes presenta la película como el trabajo de seis años. Martin explicó por qué tardó: hacía casi todo él mismo y no tenía financiación, así que la fue haciendo entre trabajos pagados que, dijo, tenían prioridad porque había que pagar la hipoteca. The Planets, otro proyecto suyo, «se apoderó de mi vida durante 2013», contó, y lo retrasó un año.

The Planets nació de las ganas de volver a dibujar en un cuaderno. En los últimos dos años, Martin trabajaba cada vez más en la computadora, así que se puso un ejercicio diario: un personaje nuevo cada día. A finales de enero tuvo unos días libres y decidió hacer una pequeña animación con esos personajes; iba a ser algo puntual, pero «se ha descontrolado un poco», contó entonces. Cada mes salía un planeta nuevo, y para cada uno se ponía límites y reglas distintos en el diseño de personajes; al final habría doce, «una galaxia animada». En esa misma entrevista con Skwigly contó que su siguiente gran proyecto ya estaba en producción: un corto de stop motion sobre un viejo director de cine pretencioso que solo se hace llamar Mr Director, planteado como un falso documental sobre su vida. Ya tenía un sitio web para la película, aunque todavía le faltaba bastante para terminarla.

Para el aspecto, Martin explicó que el cineasta es «de la vieja escuela», alguien que aprecia una técnica más tradicional, y que contar la historia de un personaje así con un 3D pulido o con un 2D vectorial minimalista «no habría encajado bien con el personaje». Con el stop motion, la animación que se hace fotografiando objetos reales cuadro a cuadro, podía construir decorados reales, y sentía que eso daría a las escenas de las falsas películas la plenitud y la riqueza que necesitaban para parecer pequeños fragmentos de largometrajes. Esta vez pudo usar la animación artesanal en toda una película.

No es solo stop motion. Skwigly la describe como una técnica mixta: stop motion con 2D encima. Martin usaba el programa Dragon Stop Motion, y Photoshop y After Effects para el 2D y para juntar todas las capas en una sola imagen, lo que se llama composición digital. Le gustaba el aspecto de poner elementos 2D sobre el stop motion, algo que había probado antes en una serie de identificadores para E4 Music, y quiso llevarlo más lejos. La película tiene mucha sincronización labial, y hacerla en 2D acelera el trabajo: cuando uno se encarga solo de toda la animación, conviene encontrar formas de ir más rápido («si no, podría seguir haciéndola otros seis años», bromeó).

Los detalles, de los libros en las estanterías del estudio del personaje a los carteles en las paredes, esconden muchas referencias y chistes con los que Martin espera que la película se disfrute al verla de nuevo. Le gustaba que algo mejorara cuando se veía más de una vez y se descubrían cosas que lo enriquecen. El personaje, añadió, ya ha vivido una larga vida, y su estudio da un atisbo de quién es; sus películas son largometrajes y necesitaban la riqueza y el detalle que dieran esa impresión.

Para Martin, el stop motion fue un aprendizaje: «era la película más ambiciosa que he hecho en este medio», contó. «Pero disfruto hacer modelos, y al final, si los resultados de la animación todavía me hacen reír, sé que voy por buen camino». Martin solía alternar el 2D y el stop motion «para que las cosas sigan siendo interesantes». Mientras hacía Mr Director, la mayor parte del trabajo comercial que le pagaba las cuentas era en 2D, así que volver una y otra vez a la película era divertido: hacer modelos y animar con plastilina.

Creo que es importante dar la sensación de que el personaje tiene una vida fuera de la película que se está haciendo.

Fue la primera película en la que Martin tuvo actores de verdad para las voces, y lo pasó en grande. Con Nick Blood hizo muchos de los personajes de las películas dentro de la película, y Blood, según Martin, aportó un gran sentido de la comedia y variedad a las voces. Ben Deery interpreta a Mr Director y superó todo lo que Martin esperaba de cómo debía sonar el personaje: en cuanto empezó a leer el guion como el personaje, Mr Director cobró vida para él y empezaron a ocurrírsele ideas sobre cómo podía moverse y actuar en pantalla.

La música es parte del juego. Como en todos sus cortos, la música y el diseño de sonido son de Martin: creía que así el trabajo ganaba continuidad y un tono particular que no sabía si se lograría de otra manera. Escribir para géneros de cine concretos fue divertido, desde cuerdas siniestras para una película de terror hasta el número musical «ridículamente exagerado y empalagoso» de Singing At The Stars, otra de las películas del personaje. Animación y música, dijo, «van de la mano», tanto al hacerlas como en la experiencia de quien ve. Directors Notes recuerda que, en los dos años anteriores a la película, Martin publicó también una serie de videos musicales para su banda, Creature Box. Con The Planets cerró la serie con una canción que había escrito años antes, a la que cambió la letra para que encajara con la historia; más tarde escribió muchas canciones muy cortas y «muy tontas» que se volvieron una animación, Tiny Tunes.

Se consideraba «un animador que hace música», no al revés: la prueba, dijo, era que rara vez le pagaban por hacer música, mientras que de animar vivía. Para Martin, animación y comedia iban bien juntas. Junto a los caminos habituales, la comedia física y el absurdo, que se adaptan idealmente a la animación, le gustaba la comedia más sutil y seca; quería darle a su trabajo una sensibilidad británica, con el tipo de humor de comedias de situación como The Royle Family o Spaced, y esperaba que eso aportara un enfoque nuevo a la comedia animada.

Según Skwigly, la película se mostró en festivales de varios países, entre ellos el Festival Internacional de Cine de Edimburgo, Anima Mundi y Animanima. Mr Director tenía su propia cuenta de Twitter, a la que, según Martin, le tenía «un sano desdén»; en ella ofrecía «ideas mediocres para futuras películas y consejos sobre cómo hacer cine desde su perspectiva única». Martin subió al sitio de la película los carteles de las películas del personaje y material de detrás de cámaras.

Aparte de eso, Martin creía que era hora de pasar a otras cosas: la película le había llevado demasiado tiempo. Había pensado en unos cuantos falsos documentales de arte más, presentados por la misma persona, sobre una banda de rock de los sesenta, alguien que pinta cuadros abstractos y alguien que escribe novelas, pero suponía que esa idea acabaría entre las muchas que nunca llegaría a hacer. Intentaba desarrollar un par de ideas de series animadas para televisión: quería pasar a formatos más largos, con un grupo de personajes lanzado a distintas aventuras. Tenía también ideas para nuevos cortos.