Luna, una niña chino-estadounidense, sueña con ser astronauta. «One Small Step», el primer corto de TAIKO Studios, se dirigió desde Burbank y se produjo en su mayor parte en Wuhan.
En los medios de habla inglesa, «taikonauta» es la palabra con que se nombra sobre todo a los astronautas chinos; viene de «tàikōng», «espacio» en mandarín. De ahí tomó su nombre TAIKO Studios, el estudio que fundó el animador Shaofu Zhang, y su primer corto mira hacia el mismo lugar: One Small Step sigue a Luna, una niña chino-estadounidense que sueña con ser astronauta.
Short of the Week cuenta el arranque: Luna ve un lanzamiento de cohete por televisión, su padre zapatero le regala unas botas lunares de cumpleaños y juntos viajan a las estrellas en una nave espacial de cartón. Así queda a la vista la meta de su vida: ser astronauta.
Lo dirigieron Andrew Chesworth y Bobby Pontillas, dos animadores que, como Zhang, venían de Disney. Chesworth lo resumió para Cartoon Brew en una frase: «One Small Step es nuestra carta de amor a todas las personas que persiguieron ese sueño imposible y a la familia que las apoyó en el intento».
El aspecto del corto quedó en manos de Pontillas, director de arte del estudio, que desarrolló para él un uso estilizado de la animación por computadora. Lo que buscaba, dijo a Cartoon Brew, era «combinar lo mejor de la ilustración digital y de la animación 3D moderna en una dirección nueva y fresca». Short of the Week vio en ese estilo 2D sobre modelos 3D un parentesco con cortos de Disney como Feast y Paperman.
Zhang imaginó TAIKO como un estudio de verdad internacional, capaz de hacer películas que tendieran puentes entre culturas y que llevaran dentro, en concreto, valores estadounidenses y chinos. Colaborar con un estudio chino ya establecido no le bastaba: quería un estudio intercontinental, con sedes en Estados Unidos y en China. «Estamos orgullosos de ser una empresa global que ofrece un espíritu universal de optimismo e inclusión que les habla a todas las personas», dijo al anunciar la compañía.
Zhang había animado más de dos años en Walt Disney Animation Studios, en Grandes héroes, Moana: un mar de aventuras y Zootopia, y en diciembre de 2016 dejó la seguridad del gran estudio para empezar por su cuenta.
Se llevó a varios colegas de Disney a un estudio nuevo en Burbank, a pocos minutos en auto de su antiguo lugar de trabajo. Chesworth y Pontillas, animadores de Moana, Zootopia y Frozen: una aventura congelada, entraron como jefe de desarrollo y director de arte, y se pusieron enseguida a codirigir One Small Step. Chesworth, que había empezado en Disney en 2011, contó a Cartoon Brew por qué le pareció el momento de irse: «Llegamos a Disney y no trabajamos más que en éxitos, en muy poco tiempo. Gente que llevaba veinte años en Disney nos decía: “Llevo diez años esperando trabajar en una película tan exitosa o tan querida”. Nos sacamos muchas ganas muy rápido. En cinco años tuvimos lo de toda una vida».
Joy Johnson, supervisora de CG, quedó a cargo de montar el sistema con que el estudio anima, y Andrew Jennings armó el pipeline, la cadena técnica por la que pasa el trabajo, pensado para que cada integrante del equipo pudiera dedicarse a hacer arte desde cualquier lugar del mundo.
Francamente, nos obligó a dar mejores notas.
El otro estudio de TAIKO estaba en Wuhan, más o menos a medio camino entre Pekín y Hong Kong. Tenía entonces un equipo de doce personas y lo encabezaba Erik Lee, veterano animador de efectos visuales y amigo de Zhang desde la Academy of Art de San Francisco. Lee había trabajado antes en una empresa emergente y le había gustado ese ambiente, así que cuando Zhang lo llamó aprovechó la ocasión de volver a un lugar de trabajo más chico.
Para sacar adelante a la vez el corto y el estudio, Zhang viajó una vez al mes entre Burbank y Wuhan desde enero de 2017. La mayor parte de la producción se hizo en Wuhan; la dirección, sobre todo desde Burbank. Zhang estaba decidido a que los dos equipos trabajaran como uno solo, y para eso el de Burbank cerraba casi todos los días con una videoconferencia con Wuhan, justo cuando allá llegaban a la oficina, a las nueve de la mañana.
Chesworth contó que las quince horas de diferencia resultaron más bien cómodas: «Lo bueno es que ninguno de los dos lados interrumpe su jornada. Llegamos y vemos sus comentarios; ellos llegan y ven los nuestros. Así, el día siempre empieza con información nueva, en vez de que los dos lados se detengan a mitad del día para repasarlo todo».
El idioma sí trajo malentendidos. Zhang y Lee hablan con fluidez inglés y mandarín, pero no la mayoría de sus colegas de Wuhan y de Burbank. Los equipos recurrieron a la traducción y, muchas veces, a la pantomima y al dibujo. Para Chesworth, eso obligó a priorizar: «buscabas la manera más clara de comunicar o de transmitir una idea, y tenías que elegir bien tus batallas, porque sabías que comunicarla costaba esfuerzo». Como los dos equipos dormían a horas opuestas, contó Brandie Braxton, de la coordinación de producción en Burbank, las reuniones de revisión se grababan, para que en Wuhan pudieran volver a ellas ante cualquier duda sin esperar un día entero la respuesta.
A Pontillas, trabajar con el equipo que TAIKO abrió en Wuhan, en China, le dio otra perspectiva sobre cómo hacer que el corto llegara a un público internacional más amplio. «Lo más importante para mí es aprender a comunicarme con impacto con otra cultura», dijo. «¿Cómo me comunico de una manera que les llegue?». Zhang lo vio de un modo algo distinto: «Lo que más me sorprendió fue qué poca diferencia hay en realidad. Que hay mucho más en común. Creo que existe una idea equivocada, o quizá un prejuicio, de que la cultura china es muy distinta de la estadounidense, pero no lo es. Hay algo universal en las vidas que llevamos, y eso se traslada y resuena en las historias que intentamos contar».
La conexión fue otro problema. Jennings viajó a Wuhan para intentar replicar la configuración del servidor de Burbank y mantener las dos sedes sincronizadas; cuando después chocaron con las restricciones de internet en China y con las redes privadas virtuales (VPN), resolvía los problemas por videollamada con un equipo de Wuhan muy paciente. «Cuando eres una empresa emergente y pequeña, muchas de las soluciones a esos problemas de tecnología son, por desgracia, comprar equipos más grandes o mejores, o pagarle a alguien para que te dé una conexión secreta allá», dijo a Cartoon Brew. «Ha sido divertido».
Johnson, que dejó Disney para sumarse a TAIKO, contó que el entusiasmo se sentía en cada etapa y que todo el equipo aprendía de los demás todo el tiempo. «Ellos nos mostraban el festival de la Luna, y nosotros les mostrábamos los lattes de especias de calabaza», bromeó. Braxton contó que de Wuhan llegaban ideas propias: «Hemos tenido gente de animación, de iluminación o de modelado [en Wuhan] con una idea que salió por completo de ella, que no estaba en los storyboards ni en el guion, de la que no se había hablado en absoluto. Nosotros damos forma a cómo va a ir la película en general, pero muchos de los detalles y mucha de la creatividad vienen también del otro lado».
Para la distribución, Zhang parecía dispuesto a explorar las posibilidades del corto en China: «Aquí [en China] es un poco más como el Lejano Oeste: no hay actores consolidados con décadas de historia, y el mercado cambia muy rápido. Eso es bueno, porque están listos y dispuestos a mirar cosas nuevas y ver qué hay por ahí que sea distinto». Chesworth lo comparó con Estados Unidos, un mercado maduro donde el público sabe, en general, exactamente cómo se va a sentir una película animada estadounidense; en China, que crece y se desarrolla rápido, «tienes la oportunidad de ayudar a dar forma a esas expectativas, tanto en cómo se ven y se sienten las películas como en el tipo de historias que cuentas».