El título de Alicja Jasina juega con la fórmula de los cuentos de hadas, y Short of the Week, el sitio que selecciona y reseña cortometrajes, vio en él algo más que un juego de palabras: la línea del título es también una metáfora de la vida y del camino que se recorre en ella, pero es en lo visual donde la línea pesa más, porque empuja la película hacia adelante y le da energía y dirección.

Once Upon a Line fue la película de graduación de Jasina en la USC School of Cinematic Arts, en Los Ángeles. Polish Animations, un sitio dedicado a promover en el extranjero el cine de animación polaco, lo cuenta como su tercer proyecto enteramente original. Ella misma lo resume así: «Un hombre lleva una vida monótona e insatisfactoria hasta que el encuentro con la chica de sus sueños le pone el mundo patas arriba».

Rob Munday, que firmó la reseña de Short of the Week, describe esa vida monótona a través de la línea: avanza siempre de izquierda a derecha y lleva al protagonista de casa al trabajo; en ella come, duerme y cuelga la ropa, hasta que llega «ella». Ninguno de los dos personajes tiene nombre.

Munday reconoce que la historia sigue un camino romántico bastante convencional: un hombre conoce a una mujer, se enamoran y nada vuelve a ser igual, con las subidas y bajadas del relato claramente señaladas y perfectamente colocadas. Lo que conquistó a Short of the Week, escribe, fue la estética: una línea que le da aire fresco a una historia muy transitada.

El minimalismo es la seña de la obra de Jasina, escribe Anna Piekarczyk en Radio Kraków: en Once Upon a Line, con un trazo simple, cuenta una historia de búsqueda del propio camino, del amor y de la identidad. La directora insiste, según la emisora, en que en la animación lo más importante son la idea y las emociones, no la cantidad de detalles, y en que cada elemento en pantalla debe servir a la historia que se cuenta.

En la lectura de Short of the Week, la línea cambia con el personaje. Las líneas rectas, en blanco y negro, reciben de pronto color y curvas, y el camino constante y sin desvíos del protagonista enamorado se llena de vueltas. Casi en cuanto su interés es correspondido, la línea empieza a girar, a saltar y a latir en la pantalla; para Munday, ahí la historia y el estilo empiezan a trabajar juntos, en armonía, y es difícil no perderse en ese efecto vertiginoso.

Una línea recta que, de pronto, aprende a girar.

El camino artístico de Jasina empezó en Szczecin, en Polonia; de allí se fue a estudiar al Reino Unido y luego a Los Ángeles, a la USC School of Cinematic Arts. En septiembre de 2016, Once Upon a Line ganó la medalla de oro en animación de los Student Academy Awards, los premios estudiantiles de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. Después fue una de las diez películas preseleccionadas en la categoría de cortometraje animado de la 89.ª edición de los Oscar.

El éxito llegó muy rápido y, como reconoce la propia Jasina en Radio Kraków, fue a la vez una enorme oportunidad y una fuente de presión. Reconoce que hacer animación pide paciencia y trabajo solitario, y que lo que más valora siguen siendo los encuentros con el público: las reacciones del público en los festivales le recuerdan por qué pasa meses trabajando en un proyecto tras otro. En Szczecin, la ciudad donde empezó su camino, el corto ganó el premio al mejor cortometraje del Szczecin European Film Festival.

Años después, Jasina volvió a Polonia. En el Festival de Cine de Cracovia presentó su película más reciente, sobre un joven rapero que busca su propia voz, acompañado por una protagonista inusual: una salchicha que encarna a su crítico interior. Tras los años en el extranjero, le contó a Radio Kraków, lo más importante resultó ser el regreso; allí, dice, se cerró un círculo y empezó una etapa nueva, de la vida y del camino artístico.