En «The Driver Is Red», Randall Christopher cuenta con dibujos en blanco y negro cómo el agente del Mossad Zvi Aharoni siguió, en Argentina en 1960, la pista de un criminal de guerra nazi que vivía bajo otro nombre.
Antes de ver: El corto trata del Holocausto e incluye información sobre el campo de exterminio de Treblinka.
The Driver Is Red sigue a Zvi Aharoni, agente israelí del Mossad, en Argentina, en 1960, detrás de un criminal de guerra nazi que vivía bajo el nombre de Ricardo Klement. El corto cuenta el plan para capturarlo.
Randall Christopher dijo a TheWrap que creció con «cero conocimiento» del Holocausto, y a I on the Arts le contó que en su escuela, en Orlando, Florida, no se enseñaba. Short of the Week cuenta que, avergonzado, se lanzó a investigar a fondo, y que descubrió que su ignorancia era común.
La puerta de entrada fue un artículo del New York Times sobre curiosidades históricas que Israel había hecho públicas, entre ellas la carta manuscrita de apelación de un criminal nazi. «¿Cuál era la historia de este tipo?», se preguntó. Empezó a ver documentales y a tomar notas sin ningún plan; recomienda The Nazis: A Warning From History, una serie de la BBC de los años noventa. Shoah, de Claude Lanzmann, lo vio cuando la película estaba casi terminada. Al principio, dijo a TheWrap, «fue algo gradual».
Treblinka lo marcó. Para contarlo, dijo, había que elegir: «Es un documental, pero es un hecho histórico del que no queda nada. Ya ni siquiera se puede ir al lugar donde pasó todo eso. Ya no está. Los edificios ya no están». O contrataba actores para reconstruirlo, o lo animaba, y él anima: «No hago películas de imagen real». Al principio pensaba en un corto animado sencillo para subir a internet.
Trabajé en la película casi dos meses antes de darme cuenta de que estaba haciendo una película.
Al principio lo atrajo la historia de espías. Leyó The House on Garibaldi Street, de Isser Harel, que dirigía el Mossad y, según Christopher, fue el cerebro de la operación, y se entusiasmó con el billete partido en dos y con cómo hicieron entrar a los agentes al país. Short of the Week resume esa mecánica: vigilancia e identidades secretas, papeles diplomáticos y cámaras ocultas.
La manera de contarla cambió con un artículo de Haaretz de 2010, que entrevistaba a tres de los hombres de la operación que seguían vivos. A la pregunta de quién había contribuido más, los tres respondieron lo mismo: Zvi Aharoni. Y añadieron que nunca recibió el reconocimiento que merecía. Christopher descubrió que Aharoni había escrito un libro en los años noventa, y lo leyó.
Le interesó un ángulo: que Aharoni era alemán, igual que el hombre al que buscaba. Christopher cita un pasaje de su libro: «Solo conocí la cultura alemana mientras crecía. Brahms y Beethoven eran míos». Su padre había combatido por Alemania en la Primera Guerra Mundial, y toda su familia, salvo su madre y su hermano, fue asesinada, según cuenta Christopher. «Nadie ha contado realmente la historia así», dijo.
En I on the Arts le sugirieron que Aharoni, al perseguirlo, intentaba también reparar los errores de su país. Christopher respondió que Aharoni no habría estado de acuerdo: era muy antialemán y, según lo describe, un hombre amargado. Cuando una escuela de su ciudad natal en Alemania lo invitó a hablar, escribió en su libro que no tenía interés en ir.
El actor llegó por casualidad. Christopher estaba en una cafetería diciendo que quizá nunca haría la película porque no encontraba un actor de voz capaz, y alguien que lo oyó le tocó el hombro: estaba a cargo de la dramaturgia del San Diego Repertory Theater y conocía a la persona indicada. Era Mark Pinter, actor de Nueva York que, dice Christopher, había trabajado en Mad Men y en Law and Order. Su primera respuesta fue: «Esto es importante».
Christopher estaba sin dinero; Pinter le dijo que no hacía falta que le pagara, y con el tiempo cobró, aunque Christopher dice que aún le debe un poco. El productor Jared Callahan, para cuyo proyecto anterior Christopher había animado gratis, le propuso producirla y llevarla a festivales: subirla a internet, le advirtió, la perdería «en el ruido blanco». Spencer Rabin, amigo suyo, estaba muy ocupado y reacio, pero Christopher lo convenció de hacer la música. Rabin viene del mundo de las bandas, y para Christopher eso importa: la música no es la típica sección de cuerdas de Hollywood a lo Hans Zimmer.
Dibujos más coloridos e imaginativos podrían sacarte de la historia, así que quería algo que no lo hiciera.
El aspecto salió de una decisión práctica que se volvió convicción. Christopher pensó primero en que un amigo suyo, el ilustrador Ken Garduno, hiciera los dibujos, y empezó a esbozar escenas en su cuaderno para contar cuántos necesitaría. Con el primero vio que debía ser así, en blanco y negro y abocetado, y, de paso, le ahorraría mucho dinero. Tiene cuadernos «del piso al techo» desde la universidad, en los noventa, donde afinó ese estilo; lo relaciona con la escuela de Nueva York de los cincuenta, con Pollock y sobre todo con Motherwell, la idea de la línea y de la marca. Cuando en I on the Arts le señalaron el parecido con William Kentridge, respondió que enseñó dibujo en la universidad durante quince años y que siempre lo muestra en sus clases.
Los dibujos de Garduno, dice, son muy creativos, y uno empezaría a fijarse en ellos; en un misterio hay que atender tanto al ritmo y a la historia que no se puede arriesgar una distracción. «En esta película, los dibujos y la música están para complementar el guion», dijo a TheWrap.
Short of the Week describe el resultado como dibujos en tinta en dos dimensiones, escenas esbozadas con trazo rápido cuyos detalles se completan en pantalla, texto que aparece como mecanografiado y evoca documentos de archivo, y encima una capa que imita la película fotográfica, llena de rayas y saltos. Para ese sitio, es como leer un informe de inteligencia en movimiento. La voz de Pinter como Aharoni lleva el relato.
La película llegó a la pantalla en un momento que Christopher no pasa por alto. «Es una locura que empezara este proyecto en 2016 y que en 2017 hubiera gente marchando con esvásticas en suelo estadounidense», dijo a TheWrap, en referencia a la manifestación mortal de supremacistas blancos en Charlottesville. «Si lo hubiera visto hace cinco años, habría dicho: “Qué tontería, esos tipos son unos intolerantes”. Pero ahora lo veo, ahora que de verdad sé lo que significa ese símbolo, y me quedo sin palabras, atónito, conmocionado. No puedo ni imaginarlo. Pero aquí estamos».
Short of the Week ve en la declaración del artista una indignación profunda por la educación en Estados Unidos y por la memoria cada vez más débil de la Segunda Guerra Mundial y del Holocausto, y por el peligro de no reconocer ni combatir el lenguaje y los actos deshumanizantes del debate de hoy. Según ese sitio, Christopher percibe que esa historia se borra con rapidez de la conciencia de las generaciones más jóvenes.
El corto tuvo su estreno mundial en el Hot Springs Documentary Film Festival de 2017. Al principio recibió muchos rechazos, por ser una rareza difícil de clasificar, hasta que Sundance lo incluyó en su programa de 2018, y de ahí en adelante la acogida creció. Hasta marzo de 2019, según la Universidad Estatal de Minnesota en Moorhead, había sido seleccionado en 97 festivales y había ganado 35 premios. Short of the Week, que destaca que ganó premios como documental y también como animación, nombra los de Aspen, el festival internacional de Seattle, Cleveland y el Premio de la Industria de ShortList, el festival de TheWrap.
Se proyectó en el Museo del Holocausto de Los Ángeles y en Pixar, donde Christopher también dio una charla sobre la realización. La Universidad Estatal de Minnesota en Moorhead anunció la misma charla, sobre su proceso, el trabajo de producción y la historia real, para el 22 de marzo de 2019. Kurt Brokaw, en The Independent, lo llamó «un triunfo artístico»; Andrew Travers, en Aspen Times, «visionario».
Un par de docentes se le han acercado, y Christopher cree que la película los entusiasma: «No logro que a mis estudiantes les interese la Segunda Guerra Mundial, pero esto sí lo van a ver». Es, dice, como una novela gráfica. Short of the Week cuenta que prepara guías de clase, y el sitio de la película permite descargarla gratis y da permiso para proyectarla, compartirla e incrustarla; la película tiene subtítulos en inglés y en español.
Mira el corto antes de seguir: desde aquí se habla del final.
El hombre que vivía como Ricardo Klement era Adolf Eichmann, a quien Short of the Week describe como el alto funcionario nazi en gran parte responsable de organizar y ejecutar el Holocausto. Lo que lo enganchó, dijo a TheWrap, fue un hombre así, encontrado al otro lado del mundo; de ahí, una cosa llevó a la otra. Entre las muchas direcciones posibles, eligió contarlo en torno a Ricardo Klement, como un misterio con una revelación a mitad de camino.
El título es el mensaje en clave con el que Aharoni avisó a sus superiores en Israel de que Eichmann había sido capturado: «El conductor es rojo». Lo que más atrapó a Christopher, dijo a I on the Arts, fue que los dos alemanes se encontraran años después, al otro lado del mundo, en un camino polvoriento y desolado, en plena noche.