«La idea de Slow Wave empezó mientras vivía en un departamento muy ruidoso en Brooklyn», contó Andy Kennedy a Short of the Week. «El bajo de quienes vivían abajo tenía un efecto muy perturbador en mi vida y en mi trabajo. Quería visualizar cómo el sonido puede cambiar la experiencia de estar en un espacio».
A esa experiencia se sumó otra, más íntima: «También tengo terrores nocturnos con regularidad, muchas veces a partir de irregularidades en la luz o en el sonido».
El título alude a la fase de «sueño de ondas lentas», un estado de sueño profundo y, por lo general, sin ensoñaciones.
Quería capturar la naturaleza visceral y abstracta de estas dos experiencias y tejerlas juntas en una sola película.
Short of the Week recomendaba verlo con audífonos: en su lectura, Kennedy construye una experiencia del sueño enteramente visceral con un diseño sonoro atmosférico y un estilo de animación que desorienta.
Para esa reseña, las formas geométricas y abstractas con que Kennedy desarma el mundo que ha construido recuerdan a un Picasso cubista, y el color funciona como en un pintor: el rojo señala la perturbación y parece tener personalidad propia, igual que las formas y los sonidos que crecen de las paredes y del piso. El sonido, del propio Kennedy, está lleno de cosas reconocibles, superpuestas en una banda sonora melódica que oscurece todavía más la atmósfera.
Short of the Week vio el control como tema central: la pregunta de si se pierde por completo al dormir, qué pasa en la mente cuando algo de afuera alcanza el subconsciente y si el cuerpo también reacciona. Según la reseña, Kennedy aborda esas preguntas en un segundo acto que cambia de punto de vista; el cambio de relato le pareció brusco, pero también una muestra de animación inventiva.
En Daily Geek Show, Mathilde Rochefort escribió que el corto «nos sumerge con brío en la piel de un hombre que sufre trastornos del sueño», a ratos en calma y a ratos angustiante, y que crea una atmósfera de pesadilla sin llegar a dar miedo.
Kennedy estudió Cine, Video y Animación en la Rhode Island School of Design, y pasó buena parte de su carrera trabajando con estudios y clientes de Nueva York antes de mudarse a Los Ángeles. Sus dos cortos independientes, Slow Wave y Accumulonimbus, se han proyectado en festivales de todo el mundo.
Después de Slow Wave, Kennedy exploraba cómo crear espacios para la realidad virtual, adaptando animación de Maya a Unity.

