Dissonance sigue a un músico sin hogar atrapado entre dos mundos: la calle y una esfera que solo él parece conocer, donde es un pianista extraordinario que toca cada día en una sala de conciertos gigantesca. Esa esfera es inestable y la realidad se cuela en ella; por ejemplo, en la figura de su exesposa, que quiere impedirle ver a su hija. Lo único que él quiere es tocar para su hija.

Till Nowak la llama una «película híbrida», aunque para él «la animación es la parte más importante». Es su tercer corto, después de Delivery, su proyecto de fin de estudios de 2005, y de The Centrifuge Brain Project, que al principio parece el documental seco de un estudio científico sobre los efectos de la fuerza centrífuga en el intelecto. Esa película se publicó en internet por medio de la KurzFilmAgentur Hamburg y para 2015 sumaba casi cuatro millones de reproducciones; a Nowak le llegaban, de vez en cuando, preguntas muy en serio sobre dónde podía uno subirse a esas atracciones. «No quería hacer un falso documental», contó a Luc-Carolin Ziemann en un retrato para shortfilm.de, «pero me pregunté qué pasaría si se mirara nuestra vida cotidiana desde la perspectiva de un extraterrestre». En las funciones en cine, según él, al principio solo se ríen unos pocos, pero los que dudan aumentan con cada atracción disparatada, y casi todos notan que algo anda mal a más tardar cuando aparece la rueda de la fortuna que tarda 14 horas en dar una vuelta.

Nowak dice que trabaja contra la costumbre. «En un sentido científico, nuestros cerebros son expertos en adaptarse al entorno, lo que significa que nunca vemos el mundo como realmente es: siempre lo vemos a través del filtro de acostumbrarnos a las cosas», dijo a Cartoon Brew. «Aceptamos nuestro entorno como normal. Me gusta torcer la realidad para salir de eso, para que podamos replantearnos lo que consideramos normal».

Delivery, su primer corto, lo hizo casi solo, con poco presupuesto y en seis meses; se mostró en 200 festivales internacionales y ganó más de 45 premios. Antes, Nowak se consideraba más bien un nerd con una marcada afición por las imágenes en movimiento, y fue la buena acogida del mundo del cine lo que lo hizo pensar en dedicarse a ello. Aun así prefiere verse como artista digital.

Nowak creció en una familia de artistas: sus padres y su hermano lo son, así que el arte, dice, se volvió su lengua materna. De niño tenía en casa cámaras Super-8 y de video, y a los cinco o seis años ya hacía sus primeras animaciones en stop motion. Entre las influencias que nombra están Jacques Tati, Oskar Fischinger, M. C. Escher y Balance, la animación alemana ganadora del Oscar, además de figuras de la ciencia como Ray Kurzweil y Frank J. Tipler: siempre fue, dice, un «maniático de la ciencia».

De las pocas películas de Hollywood que de niño vio por casualidad en la televisión, porque en casa se veía poca, le quedó el amor por «la magia de las grandes producciones extranjeras». También empezó a estudiar a artistas como Syd Mead y H. R. Giger, con quienes después trabó amistad, y eso lo llevó a The Centrifuge Brain Project, protagonizada por Leslie Barany, que en realidad es agente de Giger.

Esa mezcla de orígenes está en la película. «Crecí con distintas perspectivas cinematográficas, entre la imagen real y la animación, entre Europa y Hollywood, y nunca quise aceptar lo separados que suelen estar esos mundos cinematográficos y sus públicos», explicó. «Una psicosis, en la que la fantasía se impone a la realidad, me pareció el tema perfecto para eso».

Con “Dissonance” quise demostrarme a mí mismo y al mundo que dos áreas totalmente distintas, la animación y la imagen real, que funcionan con leyes muy diferentes en la industria “normal” del cine, sin duda pueden combinarse con sentido. Quise mostrar que se complementan a la perfección y que pueden convertirse en una sola película.

«En Dissonance, la realidad es relativa. La perspectiva se invierte: la fantasía pasa a ser nuestro mundo y la realidad, la intrusa», explicó Nowak. En la escena del hospital, donde el protagonista aparece por primera vez como una persona real, el médico le da un diagnóstico, y para Nowak esa explicación puede ser el momento más absurdo de la película: «la explicación científica es todavía más disparatada que el paciente». El diagnóstico es puramente ficticio e irónico, dice, pero estructuralmente deja claro que se trata de una enfermedad mental y de alucinaciones, no de algún tipo de magia fantástica.

Según Digital Production, la trama de la parte surrealista se pensó como un fenómeno que existe de verdad: de fondo, la historia es la de un músico con psicosis, y la parte animada es un símbolo de la enfermedad. Según la misma nota, el aspecto del pelo, como bajo el agua, se eligió a propósito para representar la sensación de soñar dentro de esa psicosis.

Nowak ve en la animación un medio, en general, muy empático, porque los personajes animados se crean enteramente desde la empatía. «Todos ven el mundo desde su propio punto de vista, ya sea un gerente de alto rango o una persona sin hogar con una enfermedad mental», dijo. Le interesó, dijo, «el mundo de alguien que habla solo en la calle y a los demás les parece loco». Y desde esa mirada: «Desde su perspectiva, el resto del mundo podría parecer loco».

¿Quién tiene realmente el derecho de definir qué es la realidad, si es subjetiva?

Short of the Week resume la apuesta como probar que el drama de personajes europeo y la animación fantástica, dos géneros que parecen opuestos, pueden convivir en una misma narración y reforzarse. La película se divide en tres capítulos. En el primero, íntegramente animado, el músico está en su esfera, un mundo que Ziemann llama «escheriano» (Escher está entre las influencias que Nowak nombra) y que pierde su integridad a medida que la realidad irrumpe. Digital Production cuenta que el comienzo es sobre todo animación 3D con entornos totalmente digitales, un personaje lémur y la ciudad esférica, que Nowak armó con quince edificios reales de ciudades como Dresde, Seúl y Sídney a partir de fotografías, con una técnica llamada camera mapping.

Los edificios reales no eran terreno nuevo para Nowak: shortfilm.de lo describe como pionero de las llamadas «proyecciones mapeadas», que usan la arquitectura como punto de partida y como superficie de proyección. En Red and Blue, de 2009, una animación hecha para el lugar se proyectó sobre la fachada del Castel dell’Ovo, en Nápoles, en una función de 20 minutos.

A medida que avanza, la parte animada se encoge a favor de la imagen real, para la que hicieron falta rodajes en varias ciudades. En el segundo capítulo, Nowak usa técnicas que probó antes en The Centrifuge Brain Project para fundir los dos medios: la cabeza de Roland Schupp, que interpreta al pianista, se sustituye por una versión digital, realista pero desmesurada, que se posa sobre un cuerpo pequeño como un objeto extraño, y las calles reales por las que camina se desmoronan y avanzan hacia la gente como olas amenazantes. Según Digital Production, esa cabeza digital de pelo flotante acompaña la mayor parte de la película, y Nowak tuvo que ajustarla cuadro por cuadro al cuerpo filmado.

La idea inicial, contó Nowak, era crear un choque total entre la animación y la imagen real, y un mundo nuevo entre las dos. «Dissonance debería hacerte replantear todo lo que ves; tienes que ajustarte constantemente. Incluso el formato de la película cambia, para llevar esa idea tan lejos como pude. Decidí ignorar radicalmente las fronteras entre géneros o formatos cinematográficos».

Para la animación, Nowak usó sobre todo 3ds Max y After Effects, creó él mismo todas las imágenes y el mundo de fantasía, y contó con Malte Lauinger, que hizo los modelos definitivos de los personajes y sus rigs (el esqueleto y los controles con que se anima un personaje 3D), y animó cerca de la mitad de su movimiento. La animación, según Nowak, se hizo a mano, sin captura de movimiento. En total, trabajaron en la película 50 personas, dice Digital Production.

El pelo fue de lo más difícil. Nowak lo hizo con la herramienta estándar Hair & Fur de 3ds Max y, justo después del nacimiento de su hija, pasó unos tres meses moviendo el pelo digital cuadro por cuadro sobre las tomas de imagen real, con la bebé dormida en su regazo. En algunos planos, Gunter Freese, artista de imagen por computadora, dio al pelo un tratamiento adicional con Maya y HairFx. Solo el renderizado llevó un año completo en cinco computadoras que trabajaban día y noche, aunque Nowak nunca tuvo que esperarlo: animaba el plano siguiente mientras se renderizaba el anterior.

La idea es de 2007. Nowak cuenta cinco años de desarrollo y diseño, más de dos de animación y dos meses de trabajo en el rodaje. Para él, las partes animadas son «el alma de la película» y contienen la mayor parte de su innovación; las de imagen real, terreno bastante nuevo para él como director, son la contraparte.

Dissonance se estrenó en la Berlinale de 2015. Sus premios en Aspen Shortsfest, el de mejor animación, y en Anima Mundi la hicieron elegible para el Oscar, la tercera película de Nowak que lo lograba: Delivery había ganado en el AFI Fest de 2005, pero se publicó en internet demasiado pronto para ser elegible, y The Centrifuge Brain Project ganó en Aspen en 2012, pero no entró en la preselección. «Por suerte no tengo idea de cómo irá», dijo entonces a Cartoon Brew. «Estoy tratando de relajarme. Me alegra que ya no dependa de mí». En Cracovia, además, ganó el premio Don Quijote.

Nowak ya había trabajado en 2010 en Arthur Christmas, coproducción de Aardman y Sony. En la primavera de 2015 se mudó de Hamburgo a Los Ángeles como artista independiente; su primer trabajo allí fue en 5D Global Studios, con Alex McDowell, figura del diseño de producción, y después hizo arte conceptual en Marvel para una gran película. Desde que terminó Dissonance, figuró como artista visual en Midnight Special y como artista conceptual en Guardianes de la Galaxia Vol. 2, Thor: Ragnarok y Pantera Negra. Su meta a largo plazo, dijo a Cartoon Brew en 2015, era hacer sus propios largometrajes; escribir y dirigir, explicó, «siempre tiene que salir de muy adentro», así que se estaba tomando su tiempo para encontrar el tema adecuado.