Dinner For Few pasa alrededor de una mesa. Unos cerdos bien vestidos comen todo lo que hay; alrededor, unos gatos esperan lo que se cae. Cuando la comida empieza a faltar, la pelea por lo que queda lo cambia todo. No hay protagonista.

Nassos Vakalis lo escribió, lo dirigió y lo animó. Trabaja en el cine de estudio de Hollywood, y esta película es lo contrario de lo que allí se le encarga. Lo dice sin rodeos: es una historia adulta que «tiene violencia, tiene sangre» y trata temas que a los grandes estudios, y sobre todo a los de Hollywood, «no les gusta tocar».

La idea no nació como película. Vakalis hablaba por teléfono de las viejas tavernas griegas, donde los gatos rondan las mesas esperando que algo caiga, y sobre cómo los más atrevidos acaban saltando a los platos cuando nadie mira. De ahí a la crisis económica del sur de Europa había un paso: se preguntó si la gente terminaría actuando como esos gatos. Al otro lado de la línea le sugirieron una tira cómica para un periódico griego; él vio que la idea daba para más.

La metáfora permite que la gente piense, y pensar es parte del camino que lleva a cualquier cambio.

Vakalis ha explicado qué representa cada figura. Los gatos son la gente común, blancos y negros por la alegoría del carro de Platón, aunque aquí son gatos y no caballos. Dos de los cerdos llevan corbata azul y roja: los partidos, que se turnan la cabecera sin que cambie el resultado, porque ambos obedecen las mismas leyes. El cerdo gordo, aclara, no es un símbolo del capitalismo sino «la naturaleza del hombre», su necesidad y su codicia.

Quien sirve la comida es la única figura humana, vestida de verdugo. Vakalis lo llama «el carnicero»: es «el sistema», el que elige a quién alimentar y cuándo, y que sirve a unos pocos mientras ignora a la mayoría. A los cerdos los concibió como animales porque necesitaba algo más surreal que un aspecto humano, y por el parecido con la Animal Farm animada de John Halas.

No quiso que la película señalara a un país ni a un partido. Dice que busca ir más allá de la política, y que desde que la película circula por el mundo le interesa ver cómo la lee cada cultura: en un blog chino se acumularon 1800 comentarios, y la mayoría la leyó como una crítica al capitalismo; para él habla de la naturaleza humana y de lo cíclico de la historia. Antes de la primera escena, un verso de Bertolt Brecht pone el tono: «Los que comen hasta saciarse hablan a los hambrientos de los maravillosos tiempos por venir».

Hizo la película en las noches. Trabajaba en un estudio durante el día (DreamWorks, en Turbo), y por las noches, desde las ocho y media, cuando la casa se dormía, se sentaba a trabajar en ella, a veces hasta las tres y media de la madrugada. Siguió ese ritmo unos dos años y medio. El guion y el storyboard le tomaron un mes; las imágenes, esos dos años y medio; el sonido y la música, tres o cuatro meses más.

Vakalis financió la película: unos 14 000 dólares según su propia cifra, la mayor parte en una computadora nueva, programas, la música y la grabación con orquesta. Eva Vomhoff le llegó recomendada, por sus tutoriales, desde quien desarrollaba un plug-in que él usaba; se ofreció como voluntaria a los dos o tres meses de empezar. Con ella decidieron volver a empezar con un programa más avanzado. Ella armó los esqueletos de animación de todos los personajes y animó algunas de las mejores escenas, entre ellas la del tigre y los gatos. Fuera de Vakalis y Vomhoff, nadie más hizo una parte grande del trabajo visual.

La música es de Kostas Christides, grabada con una orquesta en Bratislava. Christides empezó con una banda sonora provisional hecha con piezas de sus películas de terror, y luego propuso grabar con una orquesta en vivo; él mismo la contrató, supervisó la grabación y mezcló las partes, todo por internet.

Vakalis no quería un aspecto fotorrealista: sentía que le restaría a la historia en vez de sumarle. Se preguntó cómo se vería si fuera una novela gráfica, y la respuesta era un estilo más plano, con contornos, colores llenos y sombras duras. La película es, en sus palabras, «95 % 3D»: el resto son animación y efectos hechos en After Effects. Pensó en dibujarla a mano, pero no tenía quien limpiara los dibujos, hiciera los intercalados ni entintara, y tampoco dinero para pagarle a nadie. La animación en 3D le pareció más práctica.

Para el aspecto plano usó el sombreado toon, que hace que un modelo 3D se vea plano, como un dibujo; pero las líneas que genera la computadora le parecían alambres: les faltaba el trazo de un artista. La solución fue pasar el resultado por una serie de acciones de Photoshop que escribió él, que les daban líneas gruesas y delgadas, como de boceto. Conoce los límites del método: los objetos pequeños pierden su forma y las líneas parpadean cuando se mueve la cámara. La técnica lo empujó además a simplificar a los personajes y a pensarlos como formas y líneas sobre una superficie de texturas más complejas.

También cambió una idea en el papel. Bajo la mesa había imaginado una maraña de manos y piernas, pero no veía cómo mostrarla sin que los personajes parecieran caricaturas. En un día se le ocurrió la solución: cadenas, una especie de serpiente de eslabones.

El resultado, escribió Short of the Week, no es algo que uno llamaría «bello ni particularmente atractivo», pero va con la historia. Vakalis lo buscaba desde el principio: un estilo que fuera la manifestación natural de su historia, dejando lo más avanzado de la técnica a quienes pueden pagarlo.