Catherine empezó, contó Britt Raes a Skwigly, cuando se puso a pensar en lo que significa para alguien la sensación de «hogar». En 2012 buscaba casa con su pareja. Hasta entonces habían vivido en casa de la madre de Raes, donde estaba la gata que era suya, y la gata se mudó con ella a la casa nueva. Aquello la hizo pensar en la importancia de una mascota y en cómo la había influido de niña: un tema muy personal que, a la vez, toca un sentimiento universal.

De ahí salió la historia de Catherine, a quien Skwigly presenta como una futura señora de los gatos cuyo amor por los animales choca con que trae mala suerte: las mascotas no duran mucho a su cuidado. Zippy Frames lee los gatos y las demás mascotas como otro nombre de una pregunta de siempre: «¿dónde está el hogar?».

A Raes le fascina, dijo, la importancia de las mascotas en todo el mundo y el lugar que ocupan en la vida personal de la gente. Le parece interesante cómo se las humaniza y cómo se refleja en ellas lo que cada persona piensa y siente. Ella misma, dijo, es sobre todo una persona de gatos.

Short of the Week la vio en el festival SXSW en 2017 y cuenta que el público reaccionó con esas carcajadas incómodas que se asocian con las películas más escandalosas de las funciones de medianoche. Lo que la hace memorable, según Short of the Week, es el contraste entre su animación preciosa, casi cursi, y su tono más bien deprimente. Lo lee como una historia sensible de crecimiento sobre la autoestima y la desconexión, que celebra de verdad el vínculo entre la mascota y quien la tiene, aunque en ella no hay elevación ni crecimiento, y cada momento dulce lleva un fondo agrio.

Flicks habla de un estilo visual pastel que las punzadas de humor negro de Raes subvierten, y de la ligereza con que muestra la muerte y un cariño que puede matar. Para Short of the Week, la película parece reconocer un desequilibrio de poder profundamente incómodo entre animal y persona, y que la aceptación y el amor incondicional de tener una mascota suelen ser apenas un bálsamo para evadirse de carencias más hondas.

No es solo una película para amantes de los gatos: sin duda también es para quienes los odian.

Raes creció en Flandes con una dieta de caricaturas y televisión estadounidense. En la adolescencia siguió viéndolas, sin darse cuenta de que la gente a su alrededor había dejado de hacerlo: a los 15 o 16 años la entusiasmaba, más que a otras chicas de su edad, que hubiera un largometraje de Las chicas superpoderosas. A los 18 empezó a estudiar arte y, sin saber qué había por ahí, eligió diseño gráfico e ilustración; tres años después se graduó, con la sensación de que le faltaba mucho. Recién a los 21 descubrió que se podía estudiar animación. Lo que más le atrajo fue que en ella se hace un poco de todo: dibujo, movimiento, música, sonido, narración.

Ese camino la llevó a Creative Conspiracy: siendo estudiante hizo allí unas prácticas de verano, y el estudio la invitó a volver cada verano. Hasta entonces el estudio se había centrado sobre todo en comerciales, series y largometrajes, y solo había participado en cortos como coproductor. Raes se graduó en 2011 y en 2012 presentó el proyecto a un taller de desarrollo del Fondo Audiovisual de Flandes (VAF); lo rechazaron, lo trabajó con los comentarios que recibió y lo presentó de nuevo. En 2013 pasó seis meses desarrollándolo, con talleres y una mentoría.

En 2014 se la propuso a Creative Conspiracy, que se interesó en la aventura, y juntos pidieron al VAF financiación de producción; el Belgian Tax Shelter completó el presupuesto. La producción empezó en 2015 y el estreno fue en 2016. Karim Rhellam, de Creative Conspiracy, fue con quien Raes rebotó sus ideas y quien la ayudó, dice, a sacar lo mejor de sí misma y de la historia. Trabajar dentro de un estudio significaba tener gente alrededor todo el tiempo, así que todas las personas que estaban ahí, aun sin producir algo concreto para la película, influyeron en ella. Terminada la producción, Raes se quedó en el estudio como asistente de producción de sus cortos y series.

En los créditos figura como «Mentor Development» Julia Pott, a quien Raes eligió: el VAF ofrece una mentoría a elección y Raes le pidió que la contactara. Pott fue su interlocutora durante el desarrollo: le dio opinión sobre la historia, el storyboard y los diseños de los personajes, la ayudó a definir hacia dónde quería llevar el relato con las preguntas justas para encontrar su propio punto de vista, y también a encontrar a quienes pondrían las voces. Short of the Week ve en el cruce de dulzura y desencanto un parentesco con la obra de Pott.

Raes escribió el guion en inglés por decisión propia. Aprendió el idioma de niña frente al televisor: en Flandes, contó, la mayoría de los programas se emitían subtitulados, y ella lo fue aprendiendo con Los Simpson, otras series estadounidenses y MTV. A su parecer, una película en neerlandés suena con frecuencia forzada y poco natural, y el doblaje hace que se pierdan sutilezas. Además, los festivales internacionales son la vía principal de los cortos, y ahí el inglés es más común que el neerlandés.

Por eso quiso las voces originales en inglés. Poco antes de empezar la producción, planeó con su pareja un viaje de tres meses por Estados Unidos, y se fijó como meta grabar allí las voces. Unos días antes de volver a Bélgica pasó un solo día en un estudio de Burbank, en Los Ángeles, con dos intérpretes estadounidenses, una mujer y un hombre, que hicieron todos los personajes en todas sus edades. Con las grabaciones en el disco duro, regresó a Bélgica, lista para empezar a animar.

La película se divide en tres partes, una por cada edad de Catherine. Según Raes, eso permitió dar a cada una de las tres personas a cargo de la animación de personajes una edad y una parte, para que pusiera su propio estilo en el personaje. Dos asistentes ayudaron con la intercalación y la limpieza, y acabaron animando también. Raes hizo el layout de los fondos; los diseños finales son de Bram Algoed, que estudió animación con Raes y hoy se dedica a la ilustración y al cómic.

Raes se reservó una sola parte de la animación, la de los fondos y las transiciones, porque era difícil de explicar y necesitaba experimentar con ella hasta que transmitiera la emoción justa. Short of the Week ve ahí lo mejor de la película: transformaciones que separan las escenas y, a la vez, pasan con fluidez de la realidad a la fantasía. Junto con el color, dice, permiten leer el interior de Catherine con una claridad notable.

Quiso que esas transiciones subrayaran las emociones del personaje. Durante el desarrollo, en un taller de guion, Paul Wells hizo a todo el grupo una pregunta: por qué contar esa historia en animación y no en imagen real. A Raes la hizo pensar en qué puede dar la animación que la imagen real no. Eligió muy a conciencia los momentos de transición y de surrealismo, para conectarlos con la historia e intensificar sus puntos de giro.

Quería usar esa fuerza de la animación como herramienta para realzar la historia.

Para Vassilis Kroustallis, en Zippy Frames, la profundidad tradicional (ir hacia delante y hacia atrás) se asocia aquí a consecuencias funestas, así que la película se queda con una apariencia plana: animales, objetos y personas se agrandan, se achican y giran ante los ojos, y el espacio atrapa más de lo que lo haría en 3D. Para Short of the Week, el diseño es de una limpieza excepcional, con fondos casi inexistentes que dejan que la paleta expresiva resalte por contraste.

Creative Conspiracy ya había trabajado con Pieter Van Dessel, a quien Raes presenta como el motor de la banda belga Marble Sounds. Gregory Caron, a cargo del sonido, también había trabajado antes con él, así que formaron buena pareja. El mayor reto de Caron fueron los sonidos de animales. Buscando en YouTube dio con un video llamado «One man does 30 animal sounds», y ese hombre, Rudi Rok, vivía en Finlandia: lo llevaron a Bélgica por un día para ladrar y maullar en el estudio, uno de los días más divertidos de la producción, según Raes.

Después del estreno, la película pasó por más de doscientos festivales y ganó más de cincuenta premios, entre ellos el del jurado al mejor cortometraje belga en Anima 2017 y premios del público en Leeds, Portland, Cinequest y Hiroshima.

Con Miyu Distribution a cargo de la distribución internacional, la película se estrenó en línea en algunos territorios por TOPIC y, en diciembre de 2018, cuando la presentó Short of the Week, ya estaba disponible en todo el mundo en YouTube y Vimeo.

Raes sintió que el trabajo de asistente de producción no era el camino que quería seguir: quería concentrarse en dirigir y desarrollar contenido propio, algo difícil de combinar con ese puesto. Trabajaba por su cuenta y escribía proyectos nuevos: una idea de serie sobre las mascotas y quienes las tienen, para la que primero haría un corto, y cuentos infantiles, con los que querría hacer un libro y un corto. A Short of the Week le contó que desarrollaba un nuevo corto y escribía el guion de un especial para televisión, dos historias con aire de cuento de hadas, para el público infantil (y también el adulto). Buscaba residencias para tomarse el tiempo de escribir y productoras con las que asociarse.