En «Albatross Soup», Winnie Cheung convierte en documental animado un acertijo de pensamiento lateral que más de cincuenta personas intentan resolver con preguntas de sí o no.
Antes de ver: «Albatross Soup» gira en torno a un suicidio con un arma de fuego, planteado como acertijo; Cartoon Brew lo describe como perturbador.
«Un hombre baja de un barco. Entra en un restaurante y pide sopa de albatros. Toma un sorbo… saca una pistola y se dispara. Entonces… ¿por qué se mató?». Ese es el acertijo de Albatross Soup, de Winnie Cheung. Para resolverlo solo se pueden hacer preguntas que se respondan con sí o no.
Es un acertijo de pensamiento lateral, de los que sus aficionados llaman «acertijos de situación», explicó Short of the Week: alguien conoce la respuesta y solo contesta sí o no, mientras una persona o un grupo recibe un escenario y, a fuerza de preguntas y saltos de lógica, tiene que llegar a una respuesta fija. Este circula en internet al menos desde 1999, según la revista, y ha sido un favorito de sitios de acertijos, foros, Reddit y Quora.
Es un documental híbrido: se grabó a más de cincuenta personas tratando de resolverlo, y la imagen representa el acertijo mientras se desenreda, al ritmo de «un paisaje sonoro caleidoscópico de preguntas, disparadas una tras otra» por cada participante. Una voz omnisciente, casi divina, guía la historia respondiendo sí o no a cada pregunta.
Cheung, nacida en Hong Kong y criada en Queens, era editora y trabajaba en posproducción en Brooklyn; no había estudiado cine.
El acertijo llegó de California. «Hace unos años, uno de mis mejores amigos volvió de UCLA con este acertijo, que aprendió mientras hacía entrevistas para su doctorado en neurociencia cognitiva», contó Cheung a Vimeo. «Es una rama del departamento de psicología que estudia los procesos biológicos que hay detrás de la cognición: cómo resuelve problemas nuestro cerebro, cómo aprende y cómo recuerda. Creo que este acertijo refleja cómo cada persona llega a una conclusión a su manera». El amigo, Gene, venía de un departamento cuyo estudiantado, obsesionado con cartografiar las funciones del cerebro, se aficionaba a esta clase de acertijos, según Short of the Week.
«Aquí en Nueva York, el acertijo se propagó bastante rápido», siguió. «Apenas lo resolvías, querías jugarlo con otras amistades. Es divertido adivinar, pero igual de divertido es ser el acertijo: ves lo que pasa dentro de la cabeza de tus amistades. Hay quien lo enfoca de forma muy analítica y hay quien da respuestas bastante absurdas. Esa es un poco la magia del acertijo y de la película». En sus notas para Cartoon Brew recordó que, cuando jugó por primera vez, no dejaba de preguntarse: «¿Qué más me falta? ¿Cómo puedo pensar distinto para encontrar el eslabón perdido?». Supo enseguida, escribió, que esas conjeturas encadenadas, en flujo de conciencia, serían la premisa perfecta para un corto animado.
El reto era llevarlo al cine. Short of the Week lo planteó así: el cine es un medio pasivo, sin la interacción de la fiesta donde se juega el acertijo, y resolverlo en persona puede tomar mucho tiempo. La idea central de Cheung, en su lectura, fue conservar el placer del formato con participantes sin guion, que recrearan la experiencia de resolverlo en grupo. Cheung armó grupos de cuatro a seis personas, en buena parte de su círculo de amistades, y dirigió las sesiones junto a su marido, Dan Rosato, compositor y diseñador de sonido del corto. «Por suerte, tengo muchas amistades divertidas», dijo a Vimeo.
A mitad de camino, el enfoque se quedaba corto, según Short of the Week. Cheung buscó «más texturas en las voces» y sumó a Alexandra Young, amiga suya y productora de pódcast de The Daily, en The New York Times, para reunir y grabar a un grupo más diverso. «Encontró un grupo infantil que tuvo las mejores reacciones», contó Cheung. «Me encanta cómo las voces y las personalidades chocan entre sí en la película».
Con las grabaciones hechas, la película se armó como un documental de radio. «Nos acercamos al montaje como en un documental tradicional», escribió Cheung a Short of the Week. «Transcribimos cada sesión del acertijo. Sacamos frases según temas, personajes y trama. Empezamos con un guion en papel y fuimos subiendo hasta un primer armado. Al principio intenté montarlo todo yo, pero a medio año de proceso supe que necesitaba a otra persona en el montaje para avanzar. Le pedí a Tessa Greenberg, una amistad con mucho talento para dirigir y montar comedia, que se sumara para tener una mirada de fuera. Logramos llegar a un corte fino en unas pocas semanas».
En animación, quienes participan no dan la cara, y entre tantas voces no se llega a crear un vínculo con ellas, escribió Short of the Week; Cheung pone el acertijo en el centro, acepta esa pérdida y la aprovecha: los tonos y las personalidades rebotan entre sí, y ella elige sin piedad las mejores frases y los mejores ángulos.
Cuando, en el primer evento S/W IRL, Short of the Week sugirió desde el escenario que este formato podía dar para una serie de películas, Cheung respondió que no le veía potencial. Para ella, Albatross Soup era única: llevado al cine, el formato obliga a quien dirige a convertirlo, solo con la puesta en escena y el montaje, en un recorrido coherente con los pasos de una historia tradicional, y este acertijo tenía un drama propio que se dejaba moldear en una historia lineal, aunque luego se presente troceada. La revista llamó a ese trabajo con un enorme volumen de grabaciones sin guion una clase magistral de técnica documental.
Como el acertijo, tuve que ir resolviéndolo sobre la marcha.
Cheung dudó entre la imagen real y la animación, según Short of the Week, y el carácter onírico y sin lógica aparente de la historia la llevó a la animación. «Mucha gente de la ilustración y la animación no me tomó en serio, y no la culpo», contó a Vimeo. «No tenía trabajos de animación que mostrar, pero tenía un guion cerrado y muchas referencias ya reunidas». Encontró la obra de Fiona Smyth en internet y después en su tienda de novelas gráficas del barrio; con las ilustraciones de Smyth montó un boardmatic, un storyboard montado con sus tiempos, y Rosato amplió el clima con música y diseño de sonido. Con eso convenció a Masayoshi Nakamura, director de arte con quien había trabajado en Cause + Effect. «Tanto Fiona como Masa se arriesgaron muchísimo conmigo».
«La naturaleza del acertijo era tan morbosa y oscura que necesitábamos algo un poco más caprichoso para equilibrarla», explicó. Con Smyth hubo pocas rondas: «Sentía que sabía exactamente qué aspecto buscaba». Nakamura dibujó a mano cada fotograma a partir de las ilustraciones de Smyth, y aportó sus transiciones arremolinadas y oníricas; muchas escenas fueron idea suya. «Creo que es bastante importante establecer las reglas del mundo y después dar libertad a quienes colaboran contigo», dijo Cheung.
El método cabía en un documento de tres columnas: en una, el audio final transcrito; en otra, una descripción visual de la acción, «básicamente, acotaciones para nuestros personajes»; en la tercera, un boceto de Cheung o de Smyth. Nakamura lo sintetizaba e interpretaba a su manera. El último paso fue el color, con Corey Ryan, una vez todo animado. «Los colores se comportan distinto cuando empiezan a moverse unos contra otros», dijo Cheung. «La película cobró vida de verdad cuando ajustamos la paleta final». Short of the Week vio en el resultado una animación colorida y fluida, que bebe por igual de la psicodelia de los años sesenta y de las transformaciones mínimas del motion design actual.
Todo el proceso duró tres años. Se estrenó en el festival Fantasia y en 2019 pasó por Sundance, donde Jason Sondhi, de Short of the Week, la vio y la llamó su película favorita del festival.