Joaquín Baldwin hizo «Sebastian's Voodoo» como estudiante de la UCLA: la historia de un muñeco de vudú que debe encontrar el valor para salvar a sus amigos. Terminó compitiendo con Pixar y Disney.
Un muñeco de vudú, sus amigos y los alfileres que los amenazan. Con esa premisa mínima, Sebastian’s Voodoo llevó a un estudiante paraguayo de la UCLA a competir en 2008 con cortos de Pixar, Disney, Bill Plympton y Aardman.
Su autor, Joaquín Baldwin, lo dirigió y animó como parte de su maestría en el Taller de Animación de la UCLA. Es un buen ejemplo de lo que puede ser un corto de escuela: una idea clara, contada en muy poco tiempo.
La sinopsis lo resume en una línea: un muñeco de vudú debe encontrar el valor para salvar a sus amigos de morir atravesados por alfileres. Es un cuento de coraje con un protagonista que, por definición, está hecho para sufrir en lugar de otro, y el corto convierte esa condición en el motor de la historia.
Empieza con una escena cruel: un hombre clava alfileres en el corazón de unos muñecos de vudú colgados de ganchos, y cada alfiler es una muerte. Uno de ellos logra soltarse y esconderse. Cuando su captor va por el amigo que lo ayudó a escapar, Sebastian descubre la única arma que tiene: lo que le pase a él, le pasa al hombre. Para herirlo, tiene que herirse a sí mismo. Hasta dónde está dispuesto a llegar es el final del corto.
Los muñecos son de retazos y costuras, con texturas de tela que les dan una presencia casi táctil; recuerdan a los de Nueve, el largometraje de Shane Acker que se estrenaría al año siguiente. Pero el movimiento no imita al stop motion: es fluido, el de una animación 3D interpolada, y eso deja todo el peso expresivo en el diseño y en la puesta en escena.
Toda la acción transcurre en un solo lugar, un sótano en penumbra. Los encuadres casi nunca muestran bien el rostro del villano: la cámara se queda a la altura de los muñecos y de los alfileres, y el hombre es una presencia más que un personaje. En una obra hecha casi en solitario, cada una de esas decisiones es del propio animador.
La música de Nick Fevola acompaña ese tono: misteriosa sin volverse terrorífica, muy sutil. Unos tambores se funden con el ambiente del sótano, las percusiones empujan la acción, y las cuerdas, como de violín, sostienen lo que el corto cuenta de fondo, que es una historia de amistad.
Un protagonista hecho para sufrir en lugar de otro, convertido en el héroe de su propia historia.
El muñeco de vudú es una imagen de la cultura popular —mucho más que de la religión vudú real— cargada de connotaciones de maldición y castigo a distancia. Sebastian’s Voodoo la toma y la da vuelta: el muñeco deja de ser un instrumento para convertirse en alguien.
El corto pertenece también a una tradición de escuela. El Taller de Animación de la UCLA forma a sus estudiantes haciendo películas completas, y Baldwin ya había hecho allí Papiroflexia (2007), la historia sin palabras de Fred, un hombre que dobla papel en una ciudad gris, ruidosa e inhóspita, y que con el don de dar vida a sus figuras se propone cambiar el mundo que lo rodea. Los dos cortos comparten una idea: un objeto pequeño, hecho a mano, que se vuelve capaz de actuar.
Joaquín Baldwin nació en Paraguay. A los diecinueve años se fue a Estados Unidos a estudiar en el Columbus College of Art & Design, en Ohio, donde se licenció en Bellas Artes, y después se mudó a California para hacer una maestría en el Taller de Animación de la UCLA, con una beca de posgrado de la fundación Jack Kent Cooke obtenida en 2006. Allí hizo sus cortos de estudiante: Papiroflexia (2007), Sebastian’s Voodoo (2008) y The Windmill Farmer (2010).
Además de animador, Baldwin es fotógrafo de naturaleza.
Sebastian’s Voodoo es obra de una sola persona en casi todo: Baldwin lo dirigió y lo animó, y la música es de Nick Fevola. El alcance de la historia se decidió según los recursos, no al revés.
Sebastian’s Voodoo muestra lo lejos que puede llegar una idea bien acotada. Un muñeco, un alfiler y cuatro minutos bastaron para que un estudiante latinoamericano compartiera categoría con los estudios más grandes de la animación.
El recorrido del corto fue excepcional para una obra de estudiante. Fue nominado al premio Annie de 2008 junto a producciones de Pixar, Disney, Plympton y Aardman, y en 2009 ganó la medalla de plata en animación de los Student Academy Awards —los premios de la Academia de Hollywood para estudiantes— y un premio en el Short Film Corner del Festival de Cannes.
Desde 2012, Baldwin trabaja en Walt Disney Animation Studios como artista de layout —la cámara y la cinematografía de las películas animadas—, en películas como Ralph, el demoledor, Frozen: una aventura congelada, Grandes héroes, Zootopia, Moana: un mar de aventuras y Encanto. También escribe la saga de novelas de fantasía Noss.
En el canal de YouTube de Baldwin siguen Papiroflexia y The Windmill Farmer.