En «Une tête disparaît», de Franck Dion, Jacqueline, que ya no está del todo en sus cabales, toma el tren hacia el mar como cada año, seguida por una mujer que dice ser su hija.
La cabeza bajo el brazo de Une tête disparaît (en inglés, The Head Vanishes) viene de la familia de Franck Dion. Al final de su vida, su bisabuela empezó a perder la razón, y un día, cuenta Dion en el blog del National Film Board of Canada, su madre entró en la habitación del hospital y la bisabuela, muy seria, le dijo: «Ay, Nicole, ¿te molestaría ir a buscar mi cabeza? Se fue rodando debajo del lavabo, por favor». La madre de Dion, que había estado muy unida a su abuela, quedó conmocionada.
La imagen se le quedó. «Entonces, para dibujar a una persona que está perdiendo la razón, ya que esto es animación, de verdad debería perder la cabeza», le dijo Dion al NFB. «Tiene que escapársele, tiene que olvidarla». A Zippy Frames le dijo, además, que es un juego con la expresión francesa «J’ai oublié ma tête» (olvidé mi cabeza).
Jacqueline, la protagonista, es según Dion una mujer mayor, muy vital, que cada año, el día de su cumpleaños, toma el tren hacia la costa para comer pescado, tomarse una copita de vino blanco y mirar el mar del Norte. Pronto se ve que lleva la cabeza bajo el brazo: hasta se la olvida en el bar de la estación. Además, la sigue una mujer muy alta que fue a buscarla a la residencia de ancianos, que la irrita terriblemente y que, encima, la llama… mamá. La descripción del video en el canal de Dion lo dice a su manera: Jacqueline ha perdido un poco la cabeza, pero da igual: para su viaje al mar decidió tomar el tren sola, «como una niña grande».
La película nació, en cierto modo, como una huida. Después de su tercer corto, a Dion lo llamaron para coproducir un largometraje, «una megaproducción» en la que no era ni autor, ni diseñador gráfico, ni guionista. Trabajó en ella cerca de un año y medio y pronto se dio cuenta de que no era feliz: no podía hacer lo que quería. La idea de Une tête disparaît le llegó «casi con urgencia», como una razón para dejar esa producción y escribir un nuevo guion de cortometraje.
Quería, primero, hacer una película con mujeres. En sus tres cortos anteriores los protagonistas eran sobre todo hombres, y le había gustado trabajar el personaje de la esposa de Edmond, el personaje de Edmond Was a Donkey, aunque apareciera poco. «Quería hablar de mujeres y adoptar su punto de vista. ¡No me dan miedo!». Quería hacer una historia de amor, pero no encontraba las conexiones. En esa época, contó, vivía de cerca un caso de enfermedad mental degenerativa y fue testigo del dolor que puede causar.
Al mismo tiempo, desconfiaba del tema: hablar de la pérdida de memoria, dijo, es tan original como hablar del hambre en el mundo, «un tema hiperexplotado»; cuando ve consejos sobre el alzhéimer, es el primero en poner los ojos en blanco. Pero no le interesaba hacer una película deprimente, así que partió del punto de vista de la persona enferma. Jacqueline es una mujer de cierta edad, muy vital y muy digna, y también está muy molesta, porque se considera adulta, «y con razón», y no necesita que nadie la acompañe en el tren. «Me gustaba mucho esa idea también: hablar de una mujer que, incluso cuando ya no tiene sus facultades, quiere conservar cierta dignidad».
La película usa la voz del personaje, no la mirada que otras personas puedan tener sobre el personaje, y Dion no toma partido sobre si eso es o no una enfermedad, le dijo a Zippy Frames, que lo ve como alguien que no juzga a sus personajes como enfermos, sino como gente que deambula y que actúa. Dion prefiere llamar «melancólica» a su película.
Hacer una película también es tomar decisiones.
Para el aspecto, Dion quiso acercarse a unas ilustraciones que durante un tiempo dibujó a diario y publicó en su página de Facebook, «Les voyages imaginaires de Franck Dion», dibujadas de manera un poco distinta a sus dibujos habituales, más poéticas: «Más que nunca, me inclino hacia una imaginación fantástica y poética. Es bastante suave».
Todo empieza siempre con un dibujo en papel, en casa. Como quería usar el 3D de otra manera, «un poco despojado», Dion hizo muy pronto un modelo de la protagonista para ver cómo era, y quiso empezar también por la iluminación y el acabado de las texturas; después volvió a la ilustración en papel. Su método habitual es dibujar, escanear y añadir el color en Photoshop: el coloreado es enteramente digital. Lo que distingue a esta película de las anteriores, dijo, es que se detuvo más en la investigación en 3D. Zippy Frames añade que Dion la había imaginado con un 3D más complicado y optó por un aspecto más sencillo.
El dinero también pesó. Dion fue a la vez guionista, director y productor de la película, y reconoce que como productor le faltó insistencia: una fuente de financiación le falló y tuvo que reducir el tiempo de animación y el número de posiciones. Reequilibró el presupuesto para que la película se hiciera en condiciones decentes, porque en Papy3D, su productora, no se hacen películas sin pagar a la gente según las tarifas sindicales; a cambio, tuvo menos medios y menos tiempo para experimentar con el 3D. «Creo que la película es la mitad de lo que me hubiera gustado que fuera. Son frustraciones normales, como cineasta y como productor».
Zippy Frames se fijó en una historia secundaria de la película: la de un pollo al que le cortaron la cabeza y que, aun así, siguió vivo. La idea no fue suya, le contó a Zippy Frames; la leyó en internet: en una granja de los Estados Unidos de los años treinta, un pollo así daba dinero, «y puede que sea un mito». Dion se la apropió para la película.
La música es de Pierre Caillet, a quien Dion llama su cómplice habitual, con el saxofón de Akosh, músico húngaro conocido por su trabajo con Noir Désir. «Quería una música cercana al free jazz, sin estructura, incluso violenta». El sonido se terminó por completo en Montreal, en la posproducción, con el equipo de sonido del National Film Board of Canada. Era la segunda vez que Dion trabajaba con ese equipo, y le encanta llegar a esos estudios con la imagen terminada: «Me pongo en manos de quienes hacen el sonido y lo único que tengo que hacer es dar mi opinión. […] Sentí que la redescubría después de que se hiciera el sonido».
Dion nació en Versalles, fue actor, ilustrador y escenógrafo, y aprendió animación por su cuenta. Pasó al 3D con Edmond Was a Donkey, premio especial del jurado en Annecy y el comienzo de su relación con el National Film Board of Canada: Hélène Vayssières, de ARTE, le propuso conocer a Julie Roy, entonces productora del NFB. El título de Une tête disparaît, contó, es un guiño a The Lady Vanishes, de Alfred Hitchcock.
La película estuvo en la selección oficial de Annecy en junio de 2016 y ganó allí el Cristal, que Zippy Frames cuenta entre los mayores premios del festival. Short of the Week la publicó en línea y la leyó como una película sobre la demencia contada con un toque ligero, casi fantástico, desde dentro de la cabeza de Jacqueline.
Créditos
Duración
9 min 28 s
Categoría
Animación 3D
País
Francia y Canadá
Dirección y guion
Franck Dion
Producción
Papy3D Productions, ONF/NFB y ARTE France
Producción (Papy3D)
Franck Dion y Richard Van Den Boom
Producción (National Film Board of Canada)
Julie Roy
Producción (ARTE France)
Hélène Vayssières
Música
Pierre Caillet
Saxofón
Akosh
Sonido
Equipo de sonido del National Film Board of Canada