En «Hold Me (Ca Caw Ca Caw)», su película de tesis en Harvard, Renee Zhan encierra en una casa a un niño pequeño y un ave enorme, atados por una dependencia mutua que la llegada de un huevo pone a prueba.
Antes de ver: «Hold Me (Ca Caw Ca Caw)» tiene desnudos y escenas sexuales explícitas, y trata temas difíciles, incluida la muerte.
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«Me parece que un lugar común de las películas animadas son los animales antropomórficos, animales que se comportan como humanos», explicó Renee Zhan a The Harvard Crimson. «Lo que yo quería era tener un ave que se comportara como un ave». Hold Me (Ca Caw Ca Caw), la película con la que Zhan terminó sus estudios en Harvard, pone a esa ave enorme a vivir con un niño pequeño en una casa tapiada.
La descripción que Zhan publicó con el video empieza con un aleteo, «flap flap flap flap», y sigue: un niño pequeño y un ave grande conviven en una relación infeliz, atrapados entre cuatro paredes y en una dependencia mutua, hasta que una llegada nueva resquebraja su frágil equilibrio. Short of the Week precisó cuál: el ave pone un huevo, y se le despierta el instinto materno.
Zhan lo planteó como una historia de encierro. «La historia trata de la relación entre este niño humano y esta ave grande, y de su encarcelamiento en esta casa», le dijo al Crimson. «Están presos no solo por las paredes y por las ventanas tapiadas, sino también por la rutina, por una relación de la que no pueden o no quieren salir».
Para J. Thomas Westbrook, que escribió aquel perfil en el Crimson, no estaba tan claro que el humano fuera un niño: a ratos el ave lo alimenta con gusanos regurgitados, como a una cría, y a ratos parece un hombre de mediana edad, peludo y pasado de peso, que se tumba desnudo por la casa. El ave, por su parte, va borrando la línea entre mujer y animal, y la relación entre los dos se vuelve a la vez sexual y familiar, con un efecto inquietante. En Harvard Magazine, S.I. Rosenbaum la resumió como la historia de un hombre y un ave en una relación de codependencia.
La película se inspiró en una historia personal. Zhan le contó a Short of the Week que enseguida se convirtió en otra cosa, con sus propios personajes y su propio argumento. «Sentía menos que estaba inventando una historia y más que estaba desentrañando, y entendiendo poco a poco, el arco de la relación entre el niño y el ave», explicó. «Hacía de voyerista: me asomaba por las ventanas tapiadas de su casa para ver qué estaba pasando. La historia evolucionó de manera natural, aunque de ningún modo fácil».
Al principio era mucho más grande. «Empezó siendo una película mucho mayor: había toda una línea narrativa en la que el ave va a un club de aves y hay una fiesta rave de aves», recordó en Harvard Magazine. Lo que quedó es una película sin diálogos, y para Zhan, según Short of the Week, una película sobre hacerse mujer, en la que el huevo representa la primera menstruación de una niña.
Su idea de un ave que actúa como ave volvió en esa conversación: «Se está haciendo mucha animación sobre animales que parecen animales pero actúan como humanos, básicamente humanos con disfraz de animal», dijo a Short of the Week. «Me interesaba ver qué pasaría si tenía una protagonista que fuera un animal comportándose simplemente como un animal, y ver cómo eso afectaba su relación, afectaba el espacio, afectaba la película». En el Crimson, Westbrook sacó de esa idea su propia conclusión: quizá lo que deja la película no es que los animales puedan parecerse a las personas, como en la mayoría de los relatos que los humanizan, sino que las personas pueden parecerse a los animales.
Short of the Week encontró ahí un choque que, en su lectura, debería sonar torpe y no lo hace: una imagen y un sonido juguetones, casi caricaturescos, al servicio de temas muy adultos. Para esa reseña, el estilo de Zhan es vívido y expresivo, lleno de encanto y de inocencia incluso cuando trata el sexo, y el efecto es extrañamente perturbador. En cuanto a la historia, le resultó imposible decir si es un cuento infantil para adultos o un cuento adulto para niños.
Me gusta poder sentarme en mi escritorio y hacerlo todo desde ahí.
Zhan describió su técnica al Crimson: «La película está hecha en un estilo de animación 2D tradicional. Son capas delanteras en movimiento sobre fondos fijos. Esas capas las dibujé digitalmente en Photoshop y los fondos son acuarelas pintadas a mano. Se componen juntos para formar la imagen final». Cada segundo de película lleva doce de esos dibujos hechos uno por uno.
La paleta es negra y blanca, con salpicaduras de amarillo, y la decisión le costó. «Decidir que mi película fuera en blanco y negro… me llevó un tiempo comprometerme con eso», dijo. «Me encantan las películas que son en blanco y negro sin ningún motivo. Creo que hay algo realmente hermoso en el puro minimalismo de eso. Los huevos tienen un papel grande en mi película, y son amarillos, tienen que ser amarillos. Así que decidí que sería en blanco, negro y amarillo».
Hizo la película prácticamente sola, y al principio la intimidó el tamaño del trabajo. «En el mundo real, incluso en los cortos animados, lo ideal es tener un equipo», le dijo al Crimson. «Así que intentar meterlo todo yo sola fue difícil. Eres responsable de cada elemento, del diseño al guion, a la imagen y al sonido». Aun así le veía ventajas: tenía algo de experiencia en cine de imagen real, «una bestia muy distinta», y trabajar en equipo, aunque le parecía estupendo, también la abrumaba: sola se ahorraba la logística de cargar cámaras y de conseguir que la gente la dejara filmar en su espacio.
Sola, pero no del todo: Zhan atribuyó parte del resultado a la guía de Ruth Lingford, su asesora de tesis y profesora de muchos años, y a los comentarios de su clase. «Lo que hago es algo independiente, en cuanto a la producción física, pero no es del todo algo en solitario».
Zhan nació en Texas, hija de un geofísico y una genetista, y de niña veía películas de Disney y también, como contó a Harvard Magazine, «viejos y raros dibujos animados chinos» que le mostraba su madre, como el clásico de 1965 Monkey King: Havoc in Heaven. «Era algo oscuro y aterrador», recordó. «Había muchos temas raros ahí que no se ven en la animación occidental». Su primera clase de animación fue un seminario de primer año en Harvard con Lingford, animadora cuya obra usa poemas, cuentos de hadas e historias bíblicas para preguntarse por la sexualidad, la violencia, la vejez, la muerte y la identidad. «La primera vez que vi moverse algo que yo había dibujado fue muy emocionante. Quise seguir haciéndolo, a pesar de todo el trabajo que costaba».
Ante el Crimson citó tres influencias: Igor Kovalyov, cuya obra le parece táctil y misteriosa, y Don Hertzfeldt y David OReilly. «[Las películas de Hertzfeldt y OReilly] son tan burdamente graciosas, pero también tan conmovedoras», dijo. «Ese es el sentimiento que quiero alcanzar con mi propio trabajo». Hold Me (Ca Caw Ca Caw) retoma, además, a los animales humanizados de sus cortos anteriores: la paloma suicida de Pidge y la mantis religiosa de secundaria, obsesionada con el sexo, de In Sex Ed.
Zhan defendió ante el Crimson que la animación puede mostrar más de lo que suele. «Creo que la animación… a menudo se ve como un medio para niños. Pixar y Disney hacen películas hermosas, increíbles, pero creo que la animación puede ser mucho más que eso», dijo. «Se puede ser gráfico con la animación, porque cuando la imagen real es gráfica, quieres apartar la vista. Es difícil de ver. Pero como en la animación hay una distancia, porque son dibujos, no apartas la vista, y así puedes mostrar más».
La película pasó por SXSW, Locarno, el Festival Internacional de Cine de Animación de Stuttgart, Tricky Women y Anima Mundi, y en 2017 ganó en Slamdance el premio del jurado al mejor cortometraje de animación. Más tarde, en Harvard Magazine, Zhan contó que estaba escribiendo un largometraje en el que vuelve aquel club de aves que había quedado fuera de Hold Me (Ca Caw Ca Caw).