El corto de graduación de Matthias Hoegg en el Royal College of Art, nominado a los BAFTA, cuenta una historia de amor cotidiana en un futuro donde estar conectado no garantiza conectar.
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A primera vista, Thursday parece dibujado: planos de color, patrones geométricos, una ciudad que se lee como un tapiz. No lo es. El corto de graduación de Matthias Hoegg en el Royal College of Art de Londres está hecho en 3D, y su aspecto de ilustración plana es el resultado de una búsqueda deliberada que tomó como modelos dos fuentes improbables: las colchas de retazos estadounidenses y los mosaicos que Eduardo Paolozzi diseñó para el metro de Londres.
Terminado en 2010, estuvo nominado al mejor cortometraje de animación en los BAFTA de 2011. Como The External World, es un ejemplo de 3D usado no para imitar la realidad, sino para inventar un lenguaje gráfico propio.
La historia es, en palabras de su sinopsis, «una historia de amor cotidiana en un futuro no muy lejano, donde unos mirlos luchan contra la tecnología, lectores automáticos de la palma de la mano y apagones». El acceso permanente a todo no garantiza la conexión entre dos personas, y el título lo subraya: el jueves es casi el fin de semana, una pequeña promesa de escape antes de que vuelva la rutina.
«Quería retratar un mundo futurista y añadirle algo de fricción, algo de frustración cotidiana», explicó Hoegg.
No es una historia en el sentido clásico. Seguimos el día de un hombre y una mujer, desde que se levantan hasta el trabajo y de vuelta, entrecortado por escenas de mirlos. Más que un argumento, es un retrato: el de dos vidas que avanzan en paralelo dentro de una ciudad que funciona como un mecanismo.
Una planta de oficinas vista desde arriba, en perspectiva isométrica, dividida en cubículos idénticos en los que se repiten las mismas figuras frente a las mismas pantallas verdes, resume el método. Es a la vez una composición decorativa, casi textil, y un comentario: la vida de oficina como patrón que se repite.
Hoegg partió de los mosaicos de Paolozzi y de las colchas estadounidenses, y descubrió que la estructura de cuadrícula que tiene todo modelo 3D podía convertirse en diseño: ciudades modulares cuyos patrones planos y audaces sugieren volumen sin necesidad de sombras realistas. La herramienta no se esconde; su lógica interna se vuelve estilo.
El resultado es tan plano que, al verlo, parece animación vectorial en 2D: es la perspectiva isométrica la que produce la sensación de volumen. Y el montaje saca partido de esa ambigüedad con transiciones ingeniosas. La vista aérea de la ciudad se convierte en el estampado de la colcha del protagonista, en una sola imagen que resume el corto entero, y cuando él se levanta, el decorado cambia a su alrededor para marcar el paso del tiempo, de la cama al trabajo.
La paleta es contenida: verdes y grises, los colores de una oficina y de una ciudad en calma. Los mirlos, que parecen animados de forma vectorial, son lo más vivo del cuadro, y la canción de Marian Mentrup, «Thursday’s Space Waltz», acompaña con un tono tranquilo, sin dramatismo.
Quería retratar un mundo futurista y añadirle algo de fricción, algo de frustración cotidiana.
Eduardo Paolozzi, uno de los padres del arte pop británico, diseñó a mediados de los años ochenta los mosaicos de la estación de Tottenham Court Road del metro de Londres, un torbellino de formas geométricas y máquinas pensado para reflejar las tiendas de electrónica y alta fidelidad que llenaban esa calle. No es casual que un corto sobre la vida entre pantallas mire hacia ellos. La otra fuente es más inesperada, y Hoegg la ha contado con detalle. De vacaciones en Calgary, en Canadá, subió al mirador de la torre de televisión del centro y, mirando a través del piso de vidrio, le llamó la atención la disposición sistemática, en cuadrícula, de esa ciudad norteamericana relativamente nueva. Después, en un museo de historia local, descubrió las colchas tradicionales americanas. Sus patrones gráficos y audaces parecían sugerir una geometría en tres dimensiones, y de vuelta en Londres empezó a interpretarlos en 3D aprovechando la cuadrícula propia de la herramienta. Hoegg cruza las dos tradiciones —el mosaico y la colcha— en un futuro de oficinas y pantallas.
El corto pertenece, además, a una tradición de escuela. La maestría en animación del Royal College of Art, en Londres, es una de las más prestigiosas del Reino Unido, y la promoción de Hoegg lo demostró enseguida: en los premios BAFTA de febrero de 2011, dos de los tres cortos nominados en animación eran de ese mismo curso de 2010, Thursday y The Eagleman Stag, de Mikey Please, que ganó.
Matthias Hoegg estudió ilustración y animación en la Universidad de Kingston, en Inglaterra, donde se graduó en 2006, después de unas prácticas en el Studio Soi de Ludwigsburg, en Alemania. Trabajó como compositor digital y animador para estudios londinenses como Tokyoplastic y Picasso Pictures, y como independiente, antes de hacer la maestría de animación del Royal College of Art para dirigir sus propios cortos. Thursday fue su proyecto final, en 2010.
El proceso, según contó Hoegg, llevó de septiembre de 2009 a junio de 2010. Los primeros tres meses fueron solo de diseño y de experimentos con patrones en 3D, antes de empezar siquiera el animatic. Hizo cinco animatics distintos antes de fijar el montaje, y aun así los planos siguieron cambiando hasta la última semana.
El sonido se hizo con un equipo alemán: la música y el diseño sonoro son de Marian Mentrup, que compuso la canción «Thursday’s Space Waltz»; el foley, de Günther Röhn, y la mezcla, en el estudio Talking Animals de Berlín. Aaron Lampert aportó animación adicional y Mattias Bjurström, modelado.
Dos decisiones lo explican. Primero, dedicar casi un tercio del tiempo total al diseño antes de animar nada: el estilo de Thursday no se improvisó. Segundo, dejar que la estructura de la herramienta —la cuadrícula del 3D— se convierta en estética, en lugar de luchar contra ella.
Thursday demuestra que un corto de escuela puede tener una identidad visual tan clara como la de un estudio establecido, y que el futuro no tiene por qué verse como en las películas de ciencia ficción: puede parecerse a una colcha.
El corto tuvo un largo recorrido por festivales. En 2010 recibió una mención especial en la competencia internacional de estudiantes de Anima, el festival de animación de Bruselas, y compartió el segundo puesto del Passion Prize del estudio Passion Pictures. En 2011, tras la nominación al BAFTA, pasó por el Filmfest de Dresde, AniFest en Praga, el festival de Stuttgart, Animayo en Las Palmas de Gran Canaria y, en junio, Annecy.
Hoegg se unió al estudio londinense Beakus, donde diseñó la serie infantil The Numtums para CBeebies, y codirigió un segmento de A Liar’s Autobiography, la película animada sobre las memorias de Graham Chapman, de los Monty Python. Allí, contó, intentó «crear el aspecto de acetatos iluminados en una mesa de luz multiplano con herramientas digitales». Hoy trabaja como director de animación y motion graphics.
Los mosaicos de Paolozzi están en Tottenham Court Road; el resto del trabajo de Hoegg, en su sitio web.