La sinopsis oficial de The External World tiene seis palabras: «Un niño aprende a tocar el piano». Es verdad, y es también una broma sobre lo poco que alcanzan seis palabras para describir diecisiete minutos de animación en los que caben un gato, una residencia de ancianos en blanco y negro, un pícnic de muñecos de colores pastel, violencia, sexo, drogas y un repertorio entero de referencias a videojuegos y dibujos animados viejos.

Su autor, el irlandés David OReilly, tenía veinticinco años cuando la estrenó en la competencia de cortometrajes del Festival de Venecia, en septiembre de 2010. Para entonces ya había ganado el Oso de Oro de la Berlinale con su corto anterior. Con The External World llevó más lejos una idea que lo distinguía de casi todos sus contemporáneos: que la animación 3D no tiene por qué parecerse a la realidad, ni a Pixar, y que sus imperfecciones pueden ser el estilo.

El corto está hecho de piezas separadas que se encadenan, unidas por el hilo de la lección de piano. Cada una tiene su propio mundo visual —las imágenes de este artículo muestran tres muy distintos— y el tono pasa sin aviso de lo tierno a lo brutal. Es humor negro en el sentido más estricto: lo gracioso y lo terrible ocupan el mismo plano, y el espectador nunca sabe cuál de los dos viene después.

Hay una residencia de ancianos en blanco y negro, dibujada como un dibujo animado de los años treinta, donde la broma de la cáscara de plátano termina muy mal. Hay un programa de televisión en el que unos pájaros cantan con el sonido de un módem de los noventa y una impresora les contesta. Hay un anciano que encuentra, en un callejón gris, un ladrillo de un cian purísimo, y un vagón de metro cuyos pasajeros parecen salidos de otros tantos videojuegos. Hay una comedia de situación, con su luz roja de aplausos, protagonizada por una madre con cabeza de conejo. Los personajes reaparecen y se cruzan de una escena a otra, y al final vuelven a reunirse alrededor del niño y su piano.

Se estrenó en Venecia en 2010 y llegó a Estados Unidos en el Festival de Sundance, que le dio una mención honorífica. Después, OReilly lo publicó completo en internet.

Lo primero que se nota es la geometría. Los personajes y los decorados están construidos con pocos polígonos, colores planos y una iluminación sencilla; nada intenta disimular que es un modelo 3D. En otras películas, eso sería una limitación de presupuesto. Aquí es una decisión, y OReilly la explicó con una idea que atraviesa toda su obra: «Aunque la imagen se vea totalmente irreal, está bien si todo es igual de irreal». Lo que rompe la ilusión no es lo artificial, sino la mezcla de lo artificial con lo realista.

No hay texturas: el color está en el material de cada superficie, y eso da a los personajes un aire pálido, casi de maniquí. Los detalles son mínimos pero calculados —una nariz de un rosa apenas más claro que el resto de la piel— y los ojos, polígonos completamente negros, les quitan cualquier calidez. El montaje juega con el mismo material: en un momento, los píxeles empiezan a desbordarse desde un lado del cuadro y arrastran la imagen hacia la escena siguiente, un «error» digital convertido en transición.

La música y el sonido son de Bram Meindersma. El sonido también hace chistes: el módem que canta, el mugido de una vaca que anuncia «meanwhile» —«mientras tanto»— girando la cabeza como esos juguetes de granja que suenan al darles vuelta. El tema de piano, que abre el corto con la lección y lo cierra con el recital, tuvo vida propia fuera de él: circula en versiones de aficionados y en partituras transcritas por el público.

Vista desde arriba de un dormitorio rosa y celeste: una figura de cabeza redonda yace sobre la cama, con casetes y un radiocasete en el suelo.Viñeta en blanco y negro: un personaje de dibujo animado antiguo tumbado en una cama piensa «FREEDOM!»; abajo, el rótulo «ACME RETIREMENT CASTLE».Un oso celeste, un mono y una rana de peluche en un pícnic, bajo el rótulo «THE EXTERNAL WORLD» y un marco de iconos de colores.
Aunque la imagen se vea totalmente irreal, está bien si todo es igual de irreal.

En 2009, un año antes del estreno, OReilly publicó un ensayo titulado Basic Animation Aesthetics («Estética básica de la animación») que funciona como manifiesto de lo que haría después. Su punto de partida es una queja: «Hay una avalancha continua de animación, tanto comercial como independiente, que se ve igual, y no creo que tenga que ser así». Contra esa uniformidad, propone mundos artificiales coherentes consigo mismos, que no imiten la cámara del cine de imagen real ni tomen el fotorrealismo como punto de partida.

Sus referencias, según él mismo, vienen de lugares muy distintos: los pioneros de la animación abstracta Norman McLaren y Oskar Fischinger, y cineastas como Andréi Tarkovski, Stanley Kubrick, Roy Andersson y David Lynch. Y el guion lo escribió con Vernon Chatman, guionista de South Park desde 2001 y cocreador, con John Lee, de las series Wonder Showzen y Xavier: Renegade Angel.

En pantalla, las referencias son más populares que cinéfilas. La residencia de ancianos imita los primeros dibujos animados de Disney, con personajes de guantes y tonos oscuros, recursos como las líneas que salen de los ojos para marcar hacia dónde se mira o el pastel que se enfría en la ventana, y un conejo en blanco y negro que recuerda a los personajes de aquella época. El ladrillo del anciano es un guiño directo a Super Mario Bros.: al golpearlo con la cabeza suelta una moneda, hasta que abusa y lo único que consigue es un dolor de cabeza. En el metro viajan una bomba con cara y la mecha encendida, una pecera con tres peces dorados con brazos y piernas, una rana triste de sombrero rojo y una criatura amarilla que recuerda a Pikachu, con una máscara de Mickey Mouse.

David OReilly nació en Kilkenny, Irlanda, en 1985, y empezó en la animación siendo adolescente, pasando por el estudio Cartoon Saloon de su ciudad al salir de la escuela. Trabajó en secuencias animadas para películas como Son of Rambow y, con el colectivo Shynola, para Guía del autoestopista galáctico, antes de hacerse un nombre con sus propios cortos: WOFL2106, RGB XYZ —con gráficos de bajos polígonos, artefactos de compresión y voces sintéticas—, el viral Octocat Adventure y un videoclip para U2.

En 2009, Please Say Something ganó el Oso de Oro al mejor cortometraje en Berlín y el premio a la mejor narrativa en el festival de Ottawa. Por entonces vivía y trabajaba en Berlín.

OReilly ha descrito su método con precisión. «Normalmente me encargo de la escritura, el modelado, el render, la composición, el montaje y la edición de sonido», contó en 2013. «Siempre he modelado todo, todos los decorados y los personajes. También coloco las cámaras. Pero delego la animación en sí, o lo que implica programar». Los créditos de The External World lo confirman: tres animadores, una persona a cargo de los rigs de los personajes y OReilly en todo lo demás. Su corto anterior lo había hecho completamente solo, una forma de trabajar que, dijo, no quería repetir.

La razón para quedarse con el modelado es la coherencia: si una parte del mundo está modelada con otra mano, se nota, y la ilusión de un universo único se rompe. La otra clave es la velocidad. Mientras la industria calcula el render en minutos por cuadro, OReilly trabaja casi en tiempo real: «Estoy acostumbrado, literalmente, a una centésima de segundo por cuadro». Eso le permite probar, equivocarse y rehacer sin esperar. Ya para Please Say Something se había escrito una lista de reglas antes de animar: hacer 3D «de la forma más rápida posible y sin ninguna decoración», es decir, sin texturas, sin desenfoque de movimiento, sin reflejos ni filtros.

El corto incluso se burla de su propia fabricación. En un momento, un cartel anuncia que por falta de presupuesto se usará material de preproducción, y aparecen las leyendas de copyright de las copias sin terminar junto con la marca de agua de una versión de prueba de Maya 4.0. Es un chiste sobre el aspecto «barato» del 3D, no una ficha técnica.

Dos ideas sostienen el corto. Primero, diseñar para la coherencia y no para el realismo: un mundo sencillo pero consistente se sostiene mejor que uno detallado pero dispar. Segundo, saber qué no delegar: las decisiones que dan unidad a la obra —el modelado, la cámara— se quedan en una sola cabeza; el resto puede repartirse. Quien quiera estudiarlo de cerca puede hacerlo: OReilly vende los modelos de los personajes, con sus rigs para Maya, y la banda sonora del corto.

The External World es un corto incómodo a propósito, y por eso mismo fundamental. Demostró que el 3D podía ser un medio de autor, con una voz tan reconocible como la de un dibujante, y que la sencillez técnica podía ser una forma de sofisticación. En 2010 ya había ganado, entre otros, el Gran Premio del festival de animación de Ottawa.

El corto sumó más de sesenta premios en su recorrido por festivales, según la lista oficial de OReilly —entre ellos el premio a la mejor animación de la academia de cine irlandesa (IFTA), el premio Canal+ en Clermont-Ferrand y el Golden Gate en San Francisco— y fue considerado para el Óscar al mejor cortometraje animado. Según su autor, las autoridades culturales de Shanghái prohibieron exhibirlo en China. OReilly dirigió después un episodio de Hora de aventura, «A Glitch Is a Glitch» (2013), creó las secuencias de videojuego de Her, de Spike Jonze (2013), y dio el salto a los videojuegos con Mountain (2014) y Everything (2017), el primer proyecto en tiempo real en calificar para un Óscar.

El ensayo Basic Animation Aesthetics y Please Say Something completan el cuadro; el corto entero está en el canal oficial de OReilly.