Una noche de los años setenta, una banda de motociclistas irrumpió en un baile escolar en el sótano de una iglesia de Montreal; el maestro que lo vigilaba y quien ponía la música la cuentan, entre dibujos, maquetas, títeres y piñatas.
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Fraser Munden oyó la historia muchas veces de niño, en casa. Ralph, el maestro que la protagoniza, había dado clases a su padre en la escuela primaria, y el padre le tenía tal admiración que, de pequeño, se consolaba antes de dormir pensando que, si a sus padres les pasaba algo, Ralph se haría cargo de él. Más tarde Ralph empezó a organizar bailes, y en ellos ponía la música Stefan, con quien el padre de Munden tenía su amistad más cercana. «Crecí oyendo la historia de la pelea con la banda de motociclistas como un millón de veces», contó Munden en el blog de Vimeo. «Era la anécdota violenta y legendaria de mi infancia».
The Chaperone es esa historia: la noche de los años setenta en que una banda de motociclistas irrumpió en un baile escolar tranquilo, en el sótano de una iglesia de Montreal, y la de Ralph Whims, el maestro que lo vigilaba. La cuentan, en primera persona y sin guion, el propio Ralph y Stefan Czernatowicz, que ponía la música aquella noche.
Para Munden, el relato fue un regalo. «Es mi tipo de historia favorito: unos pocos buenos, muchos malos y aventuras por el camino», le dijo a Short of the Week; lo que más quería era difundir la historia de Ralph.
Ralph fue, según Neil Rathbone en VICE, una de las primeras personas negras en enseñar en la junta escolar anglófona de Montreal. Rathbone y Munden son muy aficionados al cine de explotación y a la serie B de los setenta, y de ahí salió una decisión de estilo: «Pensamos que estaría bien darle un aire de blaxploitation setentero».
Munden y Rathbone se conocieron en una clase de video y hacían documentales animados desde la universidad. The Chaperone, la primera película de su productora, Thoroughbread Pictures, fuera del ámbito estudiantil, cierra una trilogía con Why Was I Out There? y Vaseline & Pepper, la historia de un amigo de secundaria de Munden que a los doce años se fabricó una barba falsa para entrar en un club de estriptis. Al terminar la universidad, Munden quería poner en un cortometraje el trabajo de un largometraje, y Ralph se prestaba: «Como Ralph cuenta las cosas de una forma tan vívida, te da licencia para irte a cualquier parte».
Del baile solo quedaba una fuente directa: una fotografía de Ralph sin fecha exacta; al dorso solo se lee «1972-1975». Con eso y con fotos de la época que les dieron Stefan y Ralph, el equipo tuvo, en palabras de Munden a Cult MTL, «la oportunidad de volverse locos con la animación, llenar las escenas de multitudes y darle nuestra propia interpretación». Aun así se ciñeron a la época: Stefan siempre se parece a Stefan, Ralph a Ralph, y el alumnado viste como en los setenta. Fueron a todos los lugares, y las maquetas, aunque caricaturescas y fuera de proporción, reproducen calles que existen.
La película mezcla dibujo a mano, maquetas, títeres, kung-fu filmado con actores, explosiones, entrevistas rotoscopiadas (filmadas y luego dibujadas encima) y stop motion. Se hizo además en 3D estereoscópico. Munden explicó que la regla del storyboard fue la coherencia: «Si una decisión de estilo se toma sin intención, no llega con el impacto adecuado». Por encima de todo, la película tenía que sentirse como un programa infantil de televisión lleno de color.
El dibujo es, según Rathbone en VICE, un híbrido del trazo de los dos, nacido en aquella clase de video, cuando se pasaban dibujos para hacerse reír; nadie podría señalar quién dibujó qué. El aspecto de crayón vino de los carteles que Munden hacía para unas fiestas, «Pop the Trunk», y pasó primero por Vaseline & Pepper. Rathbone contó la escala: días enteros dibujando para sacar veinte cuadros, dos segundos de película a diez cuadros por segundo, y más de doce mil dibujos hechos a mano. «No teníamos ninguna experiencia en animación», dijo. «Éramos como cavernícolas en una cueva inventando la rueda mientras hay gente que anda por ahí en Porsche».
La referencia mayor fueron los carteles y la música del cine blaxploitation de los setenta. Un libro de la editorial de Quentin Tarantino que reúne carteles del género, What It Is… What It Was!, fue «la biblia» del proyecto, dijo Munden; según Rathbone, la película se inspiró tanto o más en esos carteles que en las películas mismas. Según Munden, Rathbone se inspiró en Alan Wolfson, artista de miniaturas, y en artistas outsider para las maquetas, y usó la técnica clásica de Henson para los títeres. Las piñatas fueron idea de Munden, una forma colorida de mostrar violencia extrema, armadas entre los dos con papel maché. Los lobos azules son, explicó Munden, la mentalidad de la turba dentro de la metáfora del perro pastor en la que se apoya la película: Ralph cuida del rebaño, y la banda hace de lobo.
La música también salió de los setenta. Para Munden, el blaxploitation tuvo las mejores bandas sonoras de cualquier género y época; trabajando en un evento de Concordia, se puso a hablar con quien manejaba la consola de sonido, que resultó tener una banda de música de explotación. Stroboscopica firma la partitura original, y para Rathbone es la que marca el tono setentero de toda la película. Que la historia ocurriera en los setenta le permitió a Munden, contó a Short of the Week, sumergirse en dos de sus cosas favoritas, «los carteles blaxploitation y las bandas sonoras blaxploitation»; más allá del estilo, el equipo adoptó «el espíritu independiente del hazlo tú mismo» que defendió el cine de aquella época.
Es, en esencia, una historia muy violenta que había que envolver de una forma muy luminosa y colorida.
Hacerla llevó unos dos años y medio, contó Munden a Cult MTL, y la mayor parte del trabajo se concretó en los últimos seis meses. Durante largos tramos, él y Rathbone eran los únicos dos trabajando, fabricando piñatas: «Sentíamos que estábamos intentando mover una playa entera, grano a grano». Casi todo se hizo en la casa de la familia Munden: el sótano lleno de gente que animaba, dormía y grababa efectos de sala; la sala de estar, de maquetas. Para filmarlas había que tapiar las ventanas, y sus padres tenían que quedarse en su cuarto: «No creo que a nadie sus padres le hayan preguntado “¿ya podemos salir?” tantas veces como a mí».
La noche de las piñatas fue, según Munden, «escandalosa se mire como se mire, y también horriblemente, imperdonablemente peligrosa». Rathbone la contó en VICE: tenían una bodega por cinco horas y a alguien de pirotecnia que a las cinco de la tarde tuvo que irse y les dejó el propano y el oxígeno. Pasaron la noche intentando que estallaran. Quien hacía la pirotecnia les había advertido que rociaran los globos con antiestático, porque la estática podía hacerlos estallar en la cara; hacia las seis de la mañana, Rathbone encontró el aerosol y se dio cuenta de que no lo había usado en ningún globo.
¿Cuánto hay de cierto? «La historia se sostiene», respondió Munden en el blog de Vimeo; incluso suavizaron detalles. Fueron con Ralph y Stefan al sótano de la iglesia, y sus recuerdos coincidieron; y había más testigos que podían corroborarlo. «La narración no tiene guion, pero todo lo que pasa en pantalla es nuestra interpretación», dijo. «Le toca a quien mira decidir qué es real, o si eso importa». Munden quiso también que hablara del acoso y de cómo actuar cuando todo está en contra, y encuentra lo más canadiense en cómo cuentan Ralph y Stefan, del Montreal anglófono de Saint-Henri, con los giros de su barrio y su manera de pasar al francés sin costura.
El objetivo era entrar en la categoría profesional de un festival grande: el Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF). Según Munden, fueron la última película que recibió la programación del festival, la última que vio entre unas ochocientas, y tras la aceptación aún quedaba mucho por terminar: llegar a tiempo fue una carrera contrarreloj, sin dormir, y para Munden lo más memorable de todo el proceso. Se estrenó allí en septiembre de 2013 y quedó segunda entre los cortos canadienses; entró en la lista anual Canada’s Top Ten del TIFF y fue nominada al gran premio del jurado de Slamdance. En Montreal la acogieron el festival Fantasia y Prends Ça Court, que difunde cortometrajes de Quebec.
Llegó a internet en diciembre de 2016 como Staff Pick Premiere de Vimeo, al cierre de su recorrido por festivales. Munden quería que sirviera de invitación: «Graba a alguien contando una historia, quédate con las partes interesantes, haz el storyboard y luego ponte a hacer la película. Todo el mundo conoce a alguien con una historia graciosa. Hazlo. Y no necesitas saber nada de animación. ¡Desde luego, no sabíamos!». El detrás de cámaras, y pistas de los proyectos que Munden tenía en marcha, están en «Attaboy, Fraser!», el autorretrato en video que subió a su cuenta de Vimeo.