A principios de 2011 apareció en YouTube un corto firmado por un animador de Disney llamado Robb Pratt. Se llamaba Superman Classic y no lo producía ningún estudio ni lo respaldaba DC Comics: lo había dibujado a mano, de noche y durante casi un año, un solo hombre. En pocas semanas se convirtió en una pequeña sensación, y durante cerca de un año fue el video de Superman mejor valorado de YouTube.

Homenajes al Superman de los años cuarenta hay muchos. Lo que distingue a este es el método. En un momento en que la animación dibujada a mano parecía retirarse de los grandes estudios, Pratt eligió hacerlo todo a la antigua: cuadro por cuadro, sobre papel. El nombre de su canal lo dice sin rodeos: «Where 2d Animation is NOT Dead!», donde la animación 2D no ha muerto.

Superman Classic es un fan film: una obra no oficial, hecha por un admirador del personaje y sin licencia de sus dueños. La historia es mínima, como en los cortos que homenajea. Un plano de rascacielos, un paneo hacia abajo, y ahí están Lois Lane y Clark Kent conversando en la calle. Entonces aparece un robot gigante. La gente huye; Clark se mete en una cabina telefónica justo cuando el robot la aplasta, y de entre los restos sale Superman levantándolo en vilo. Sigue un combate breve y físico, con golpes que lo mandan contra el suelo, hasta que Superman alza al robot y lo arroja lo más lejos posible, contra una flota de robots que cruza el cielo. En medio de la acción queda tiempo para un gesto: Superman le devuelve a un niño su juguete y le dedica una sonrisa.

Todo ocurre en poco más de minuto y medio, a un ritmo de acción sin pausa. El resto del video, casi un minuto, es el propio Pratt explicando por qué y cómo lo hizo.

Clark Kent y Superman tienen la voz de John Newton, el actor que interpretó a Superboy en la primera temporada de la serie de televisión de finales de los ochenta; Lois Lane, la de Jennifer Newton, su esposa. Es un reparto elegido con la misma lógica que todo lo demás: una conexión afectiva con la historia del personaje antes que un nombre para el cartel.

El corto toma de los años cuarenta dos cosas a la vez: los personajes animados de forma tradicional y unos fondos que recuerdan de inmediato a los de los estudios Fleischer. Para esos fondos, Pratt no fue solo a los dibujos animados: miró a Hugh Ferriss, el dibujante de arquitectura cuyas ciudades de rascacielos en claroscuro —reunidas en The Metropolis of Tomorrow (1929)— alimentaron la imagen de la Metrópolis de Superman y de la Ciudad Gótica de Batman. Al personaje lo diseñó mezclando rasgos de sus actores favoritos del papel.

La música sigue el mismo camino hacia atrás: Pratt contó que siempre le había encantado la de los seriales de matiné de los sábados, y que un corto animado sobre esa música podía funcionar. En el movimiento hay algo de la elasticidad de Ren y Stimpy, una serie que a su vez bebía de los cortos de los cuarenta, pero el conjunto —la ciudad, los robots— remite a los dibujos animados de la época de la Segunda Guerra Mundial.

La elección tiene consecuencias narrativas. El Superman de los Fleischer no duda ni se lamenta: aparece, resuelve y se va. Pratt conserva ese tono sin cinismo, hasta en el juguete devuelto en plena batalla.

Homenajes al Superman de los años cuarenta hay muchos. Lo que distingue a este es el método: cuadro por cuadro, sobre papel.

Entre 1941 y 1943, los estudios Fleischer —y después Famous Studios, que heredó la producción— hicieron diecisiete cortos de Superman para Paramount: nueve los Fleischer y ocho Famous Studios. Eran producciones caras para la época, de una atmósfera art déco y un sentido del realismo que dejaron huella: es el mismo linaje que, medio siglo después, retomarían Batman: la serie animada y Superman: la serie animada.

El robot gigante y la flota que cruza el cielo no parecen casuales. Pratt no lo dice, pero es difícil no pensar en el segundo corto de aquella serie, The Mechanical Monsters, estrenado en noviembre de 1941, en el que Superman se enfrenta precisamente a robots gigantes que vuelan sobre la ciudad.

En 2011, además, el gesto tenía algo de declaración. La animación dibujada a mano llevaba años cediendo terreno frente a la animación por computadora en los grandes estudios. En Disney, donde Pratt había construido toda su carrera, se había anunciado el fin de los largometrajes dibujados a mano tras Vacas vaqueras (2004), y el regreso con La princesa y el sapo (2009) se celebró precisamente como una vuelta a la tradición.

Robb Pratt entró en Walt Disney Feature Animation en 1994 como intercalador, el animador que dibuja los cuadros intermedios entre las poses clave. Desde ahí trabajó en Pocahontas, Hércules, Tarzán y Fantasía 2000, y más tarde en producciones para video como El rey león 3 y Tarzán II. En televisión pasó por Kim Possible, Las nuevas locuras del emperador y La casa de Mickey Mouse, y dirigió en Los sustitutos.

Es decir: cuando hizo Superman Classic, Pratt no era un aficionado probando suerte, sino un profesional formado en el oficio más clásico de la animación, el que empieza dibujando los cuadros que nadie nota. Esa formación es lo que se ve en pantalla.

Esperaba a que todos se durmieran, a eso de las nueve o diez, y entonces me escabullía a mi estudio a dibujar hasta las dos, tres o cuatro de la mañana.

El proceso de Pratt combina lo más antiguo y lo más cotidiano de la animación de su época, y él mismo lo explica al final del video. Hizo el storyboard en la computadora, pero la animación está dibujada a mano, sobre papel; cada dibujo se escaneó, se coloreó en la computadora y se compuso sobre los fondos, que también dibujó digitalmente. El sonido también pasó por la computadora: lo manipuló con programas de edición de audio.

Tardó cerca de un año, y todo ese trabajo ocurrió en sus horas libres, sin dejar su empleo de tiempo completo en Disney. «Esperaba a que todos se durmieran, a eso de las nueve o diez, y entonces me escabullía a mi estudio a dibujar hasta las dos, tres o cuatro de la mañana», contó después. El presupuesto fue casi solo su propio trabajo: el alquiler de una cabina de grabación para las voces y la ayuda de amigos que colaboraron sin cobrar.

Esa combinación es la que hizo posible el corto: el dibujo a mano da el carácter; lo digital —escanear, colorear, componer— es lo que hace posible que una sola persona termine el trabajo. Y la limitación más dura, el tiempo, se resolvió con la herramienta menos glamorosa de todas: constancia, noche tras noche.

Superman Classic demuestra que un homenaje puede ser algo más que nostalgia: puede ser un argumento. Con él, Pratt defiende que el dibujo a mano sigue vivo, que un solo animador con oficio puede competir en atención con cualquier estudio, y que el Superman más interesante sigue siendo el más sencillo.

Pratt siguió con la serie: en 2012 publicó Superman Classic: Bizarro, para el que grabó a John Newton diciendo sus líneas al revés y después invirtió la grabación, y en 2015 Flash Gordon Classic, con la misma estética de los cuarenta, que había anunciado en 2013. En ese anuncio contaba que tenía guionizados otros proyectos, como un Lex Luthor Classic y un encuentro entre Batman y Superman ambientado en esa década, que, al menos hasta 2024, no habían llegado a hacerse.

Los cortos originales de Superman de los estudios Fleischer son de dominio público, y el resto de la serie Classic está en el canal de Pratt.