En Late Afternoon, Emily, una mujer mayor, vive casi siempre en un mundo interior donde se alternan fragmentos de su pasado y destellos del presente.

Louise Bagnall, que lo escribió y dirigió, no empezó por la pérdida de memoria. «Quería contar una historia que girara en torno a la vida de una mujer, que explorara su vida y su identidad», le dijo a Awards Daily. «El aspecto de la pérdida de memoria llegó un poco después, y tenía sentido, porque así podía entrar y salir de distintos recuerdos para que el público entendiera las cosas desde su punto de vista, pero también viera su vida tomando forma en la pantalla».

Para ella, fue «una manera interesante de explorar la vida interior y ponerla ahí».

Awards Daily le señaló que la cara y los ojos de Emily, unos simples puntos, recuerdan a los dibujos animados antiguos. Bagnall respondió que fue una preferencia personal: «Prefiero el enfoque despojado y simple. Le permite a quien mira aportar su propia idea de lo que el personaje siente o hace en ese momento. Le dejas cierta parte a quien mira para que la complete con su imaginación, y eso permite que el público se encuentre con el personaje a mitad de camino».

Lo mismo pensó para los recuerdos: quería mostrar lo incompletos que son. «A veces no tenemos todos los detalles. Tenemos la sensación. Recordamos el sonido de algo. O recordamos lo que sentimos», dijo. «No quería que tuviera demasiado detalle, como si fuera una representación del pasado». No Film School habló del estilo gráfico característico de Bagnall, rico y simple a la vez, ajustado a la historia para ser más emotivo que descriptivo.

Para Bagnall, el color fue «una parte enorme de cómo la película cuenta su historia». «Queríamos que el color representara los recuerdos, o algo que despertara un recuerdo». Al principio de la película, el rojo es lo que le recuerda a Emily su infancia, y los colores cálidos se eligieron para los recuerdos felices o exuberantes; más adelante, cuando las cosas se complican, la paleta se mezcla y entran colores más fríos. «Los colores representaban su estado de ánimo, o lo que sentía por sus recuerdos, si era algo positivo o algo complicado».

Es más una impresión de lo que pasó.

La idea llevaba años en la cabeza y en el cuaderno de bocetos de Bagnall antes de empezar. El corto se financió con Frameworks, el programa de cortometrajes de Screen Ireland y RTÉ, y una vez aprobada la financiación hubo diez meses para hacerlo. «Me alegró haber tenido tiempo de pensar la idea antes de presentarla», dijo a Awards Daily, «porque cuando conseguimos la financiación tuvimos que entrar de lleno, con todo, para llegar a la meta a tiempo».

A No Film School le contó cómo arrancó: «Me lancé directo a los storyboards, que es saltar del guion a una manera mucho más visual de mostrar la película. Dibujaba los planos y los pasaba directo a un animatic, con una versión provisional del audio solo para los diálogos y una pista muy temporal para todo el sonido». El animatic es el storyboard montado con sus tiempos. En paralelo, Aine y Stefano hacían arte conceptual: buscaban cómo se verían los colores, los fondos y los recuerdos, y qué peso tendría el color.

Fionnula Flanagan puso la voz de Emily mayor. Encontrar la de Emily joven fue más difícil, y mientras buscaban, Bagnall grabó una versión provisional para no frenar la animación. «Probamos muchísimas cosas y, al final, se volvió obvio que la voz debía hacerla yo», contó. «Es difícil escuchar tu propia voz. Tenía que hacer como que no me estaba escuchando a mí misma, para recordar que era solo Emily, y no yo, la que hablaba».

En el Galway Film Fleadh ganó el premio a la mejor secuencia animada en un cortometraje. Al año siguiente se estrenó en Nueva York, en Tribeca, dentro de un programa especial de animación con curaduría de Whoopi Goldberg, y ganó el premio al mejor cortometraje animado; también se llevó el IFTA al mejor cortometraje animado. Quedó entre los diez de la preselección para el Oscar y, en enero de 2019, entre los cinco cortos nominados. Bagnall siguió el anuncio de las nominaciones a la hora del almuerzo, en Kilkenny: «Mi productora Nuria y yo nos escapamos a verlas por nuestra cuenta a un bar a la vuelta de la esquina. No podíamos con la presión de verlas con todos los demás».

A No Film School le dejó un consejo para quien quiera hacer animación: «No te preocupes por los festivales y esas cosas. Sé que es difícil no hacerlo, pero no son la prueba del éxito. La prueba del éxito es si terminas un proyecto y sale como querías que saliera».