Un corto de graduación de Supinfocom Arles convierte una leyenda otomana del siglo XVII —con una sola fuente, y dudosa— en una comedia física sobre la ambición y la gravedad.
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En 1632, según la leyenda, Hezârfen Ahmed Çelebi se lanzó desde lo alto de la torre de Gálata, en Estambul, con un par de alas hechas por él mismo, cruzó el Bósforo planeando y aterrizó en Üsküdar, en la orilla asiática. Si fuera cierto, sería el primer vuelo humano de una distancia significativa. Es exactamente el tipo de historia que suena a mito fundacional, y es el material que cuatro estudiantes de la escuela francesa Supinfocom Arles eligieron para su corto de graduación, terminado en 2010.
Lo que sorprende de Hezarfen es la falta de reverencia hacia la leyenda. El equipo —Tolga Ari, Romain Blanchet, Chung-Yu Huang y Rémy Hurlin— no trata el momento como una hazaña solemne, sino como una comedia física: un hombre obsesionado con volar y una gravedad que se niega a cooperar. Y esa decisión tiene más fundamento del que parece, porque la leyenda misma es, probablemente, eso: una leyenda.
La sinopsis oficial es escueta: la historia transcurre en 1632 en Estambul, donde Hezarfen intentará el primer vuelo del ser humano. El corto no se detiene a explicar la leyenda ni su contexto; va directo al intento.
Y el intento empieza mal. Hezarfen, en lo alto, con unas alas fabricadas por él mismo, duda, y en su nerviosismo deja caer una piedra enorme sobre el puesto de un vendedor callejero. De ahí sale disparada una sandía, y la sandía pone en marcha una reacción en cadena —una gallina, otro hombre, destrozos por toda la ciudad— que recorre Estambul de punta a punta. Cómo esa cadena termina devolviéndole el problema al propio Hezarfen es el remate del chiste, y conviene descubrirlo viéndolo.
Circuló en internet desde 2010 y llegó a las publicaciones de animación cuando el equipo lo subió a Vimeo, con su propio sitio web.
Los autores lo explicaron así: «La película trata mucho más de cómo salta desde esa torre. Escribimos el guion juntos para dar otra visión de la historia. Queríamos hacer imágenes frescas y luminosas, y dejar que el público descubra la belleza de esta leyenda a nuestra manera». El sitio francés Catsuka lo presentó como una adaptación «decontractée», relajada, de una leyenda turca.
La ambición de volar y el ridículo de intentarlo ocupan el mismo fotograma, casi siempre a la vez.
La animación en 3D adopta el timing y la exageración del dibujo animado clásico: la comedia es de persecución y de catástrofe encadenada, con los recursos de siempre —el hombre que entra por error en la habitación de una dama y sale expulsado, animales por los aires, transeúntes que se suman al desastre por callejones estrechos—. Es una decisión narrativa y no solo estética: la comedia depende de cómo cae un cuerpo, y el 3D realista no sabe caer con gracia.
La ciudad es una Estambul otomana caricaturizada, luminosa, de blancos y tonos arena, con rojos y azules que guían la mirada hacia lo importante. Tiene algo de Santorini, pero las cúpulas la devuelven enseguida al Bósforo. Es una decisión que libera al corto de la carga documental y le permite jugar. La música de Yannis Dumoutiers va en la misma dirección: una pieza de aire clásico, arreglada con mucha flauta de resonancias turcas, que acompaña el vaivén cómico en lugar de subrayar la épica.
Los créditos finales son casi un corto aparte: siluetas de la ciudad y del protagonista volando sobre ella, en un grafismo que recuerda las secuencias de títulos de mediados del siglo XX, las de Saul Bass y las que Kuntzel + Deygas hicieron en su honor para Atrápame si puedes (2002).
Todo lo que se sabe del vuelo de Hezârfen viene de una sola fuente: el Seyahatname, el libro de viajes que Evliya Çelebi escribió en el siglo XVII. Según su relato, Hezârfen practicó primero con alas de águila, luego saltó desde lo alto de la torre de Gálata y, ayudado por el viento del suroeste, aterrizó en la plaza de Doğancılar, en Üsküdar, mientras el sultán Murad IV lo observaba desde un palacio junto al mar.
El final del relato es menos heroico. El sultán, dice Evliya, recompensó a Hezârfen con monedas de oro y luego lo desterró a Argel: un hombre capaz de hacer cualquier cosa que se propusiera le pareció inquietante, y no convenía tenerlo cerca. Allí habría muerto en 1640.
Los historiadores otomanos leen a Evliya con cautela: amplificaba hechos reales hasta convertirlos en leyendas, y el vuelo no aparece en ninguna otra fuente de la época. El historiador turco İlber Ortaylı ha sostenido que ni el vuelo ni el destierro ocurrieron, y una historia otomana en doce volúmenes lo resume así: como solo lo menciona el Seyahatname y ninguna otra fuente puede confirmarlo, no significa más que una «leyenda». Frente a eso, la comedia de Hezarfen resulta casi un comentario historiográfico: si la hazaña es dudosa, lo honesto es contar el intento.
Supinfocom Arles era una de las escuelas de animación por computadora más reconocidas de Francia, y sus películas de graduación se hacen en equipo. Hezarfen lo refleja en sus créditos: los cuatro firman la dirección, y cada uno se ocupó además de un área —Tolga Ari como jefe de equipo y director técnico, Romain Blanchet de la dirección de arte, Chung-Yu Huang de los efectos y Rémy Hurlin de la animación—. La música es de Yannis Dumoutiers y el diseño sonoro, de Ozan Kurtulus.
Un corto de escuela hecho por cuatro personas tiene que resolver con organización lo que un estudio resuelve con presupuesto. El reparto de papeles de Hezarfen —dirección técnica, arte, efectos y animación en manos distintas, pero con la dirección compartida— es un modelo de cómo un equipo pequeño cubre todo el proceso de una película en 3D sin perder una visión común.
En lugar de intentar contar toda la leyenda, el corto elige un solo momento, el intento, y lo cuenta bien, sin más pretensión que demostrar oficio.
Hezarfen se sostiene porque nunca intenta ser más de lo que es: un ejercicio técnico con sentido del humor, hecho por gente que todavía no necesitaba demostrar nada más que saber contar un chiste en movimiento. Que el chiste sea también la lectura más honesta de su fuente es un mérito añadido.
En 2015, Supinfocom Arles se independizó y pasó a llamarse MoPA. La figura de Hezârfen sigue presente en Estambul: un aeródromo lleva su nombre, y su historia ha inspirado películas, como Istanbul Beneath My Wings (1996), y programas infantiles de televisión.
Los cuatro directores siguieron en la industria. Tolga Ari trabajó en efectos visuales para películas como John Carter: entre dos mundos (2012) y El hombre de acero (2013), y después pasó a la dirección creativa en Random42, un estudio británico de animación científica. Romain Blanchet se fue a Illumination Studios Paris, donde trabajó en Mi villano favorito 2 (2013). Rémy Hurlin se especializó en animación de personajes y multitudes en Toulouse, en TAT Productions, y Chung-Yu Huang siguió en los efectos visuales.
Quien quiera seguir el vuelo tiene el relato de Evliya Çelebi y otros cortos de graduación de Supinfocom de aquellos años.
Créditos
Duración
3 min 20 s
Categoría
Animación 3D
País
Francia
Dirección
Tolga Ari, Romain Blanchet, Chung-Yu Huang y Rémy Hurlin