David Firth publicó Cream en su canal de YouTube y lo presentó como el lanzamiento de un producto: la historia del doctor Bellifer, un genio científico que, después de años de hacer chocar partículas, revela su revolucionario producto nuevo, una crema capaz de arreglar todos los problemas del mundo.
El invento es una pasta milagrosa que reconfigura las moléculas según lo que calcula que es el arreglo lógico, sirva para un problema físico o para uno interior, escribió Luke Shaw en Eye for Film. A medida que su uso se extiende por el mundo, la muerte se vuelve reversible, la crisis alimentaria se resuelve y se pueden alcanzar planos superiores de conciencia.
Firth dedica buena parte del corto a jugar con las aplicaciones posibles, según Short of the Week, y de paso se burla sin demasiada sutileza de las actitudes sociales hacia la belleza, el éxito y las causas bienpensantes.
Una crema que lo arregla todo no le conviene a todo el mundo: una camarilla de oligarcas en la sombra decide que la felicidad universal no vale la destrucción de la riqueza y lanza una campaña de desprestigio a través de la prensa sensacionalista y los grandes medios. Shaw vio ahí el blanco principal de Firth: el poder sin ataduras de las corporaciones de medios y la complicidad del público, que les deja llenarse los bolsillos mientras fabrican relatos audaces y contradictorios.
Es demasiado corto para venderlo, pero demasiado largo para regalarlo.
Cream está hecho con fotografías muy retocadas y animadas. Short of the Week habló de un estilo por capas, sencillo, que reconocerá quien conozca a Cyriak, pero innegablemente pulido. Terminarlo, según Firth, le llevó un año.
No es una manera nueva de trabajar para Firth. Jack Benjamin, de Indy Film Library, describió su estilo como deliberadamente inmaduro y señaló que suele retocar fotografías y usar el collage para producir un efecto de valle inquietante, esa incomodidad ante lo que parece humano sin serlo del todo. El propio Firth ha dicho que se inspira en lo impredecible de los sueños, y que aplicar eso es difícil porque hacer animación deja poco lugar a la espontaneidad. Eye for Film encontró Cream menos alucinante que sus cortos anteriores, pero de humor negro, con una furia justiciera muy suya.
Lo presentó Brainfeeder, el sello de Flying Lotus, que pone una de las voces. Firth ya había animado el video de «Ready Err Not», una canción de Flying Lotus, y fue además coguionista de Kuso, el largometraje que Flying Lotus dirigió. Antes de llegar a internet, el corto se proyectó en Londres y en el Festival de Cine de Glasgow.
En 2004 Firth creó Salad Fingers, una serie hecha en Flash y publicada en Newgrounds, el portal de animaciones en Flash que, como recuerda Shaw, fue para una generación un rincón algo subversivo de internet. Allí sus animaciones surrealistas y macabras, de Spoilsbury Toast Boy a la serie Sock, ganaron un público grande, y su trabajo llegó a Channel 4, a la BBC, a videos musicales y a anuncios, a menudo con una carga más crítica hacia el orden social y político. Artribune presentó Cream como su regreso tras un largo silencio, interrumpido solo por algún video corto.
Según Short of the Week, Cream fue la primera obra de Firth financiada por completo por sus fans, a través de la cuenta de Patreon que acababa de abrir y en la que ya había más de mil mecenas. Al explicarle a su público el nuevo sistema, Firth se quejó de los cambios en YouTube, que hacían difícil ganar dinero con su trabajo: tarifas publicitarias bajas y una plataforma decidida a «limpiar» el contenido adulto que pudiera espantar a los anunciantes.
Después llegó Umbilical World, con Brainfeeder Films: «trece años de locura animada, cosidos para formar un único flujo de conciencia de pesadilla», en palabras del sello, con todas las voces del propio Firth.

