Felix Colgrave llama a Double King «una película sobre el amor y el regicidio». En una tierra donde cada especie de animal y de planta responde a su propia monarquía, un rey misterioso, al parecer sin súbditos, emprende una cruzada violenta para reunir tantas coronas como pueda.

Debajo del video, Colgrave añade: «Lo hice yo solo a lo largo de dos años». Es animación 2D por computadora, sin diálogos.

Para Peter Hemminger, que escribió sobre el corto en la serie «Monday Shorts» de la Quickdraw Animation Society, Double King es una fábula sobre la codicia por la codicia misma. Destacó la generosidad del detalle en cada escena: las paletas pastel y las geometrías ornamentadas de los fondos, escribió, se sostendrían por sí solas como ilustraciones, aun sin personajes.

Hemminger encontró también un parentesco: a ratos, ver al rey acechando por su mundo le recordaba una versión psicodélica de The Thief and the Cobbler, la película de Richard Williams; menos detallada, quizá menos ambiciosa, escribió, pero hipnótica a su manera.

Pero lo que, a su juicio, eleva el corto es el sentido del ritmo: el equilibrio entre la repetición y el avance, y sobre todo los pequeños momentos de carácter, que Colgrave, según Hemminger, coloca como signos de puntuación, respiros breves antes de volver a arrastrar a quien mira hacia adelante. Su ejemplo: las pupilas del rey que se estrechan cuando un cangrejo se escapa con su corona. Hemminger destacó también un diseño sonoro calibrado con precisión y una libertad de tono que, más de un año después del estreno, le seguía sorprendiendo cada vez que volvía a verlo.

Me encanta poder sentarme y hacer algo yo solo, como quien se sienta a escribir un libro o a pintar un cuadro sin nadie más.

Colgrave nació en Railton, en Tasmania, y creció en el campo, criado por personas que antes se dedicaban a volar en globo aerostático. Aprendió a animar por su cuenta de niño y publica cortos independientes en internet desde los trece años. Después estudió animación en la Universidad RMIT de Melbourne, y su película de graduación, The Elephant’s Garden, ganó el premio a la mejor película australiana en el Festival Internacional de Animación de Melbourne.

En una entrevista con Pictoplasma explicó por qué prefiere trabajar así, sin un equipo detrás: no quiere hacer una serie de televisión en la que un departamento hace todo y otro tiene todas las ideas. En la misma charla describió cómo suele trabajar: sin un plan, terminando cada plano entero antes de empezar el siguiente, y a menudo toda la película así, en orden cronológico; puede dejar listos la animación, los colores, el fondo y a veces hasta la música de un plano antes de haber hecho el boceto más tosco del que viene. «A veces ni siquiera tengo una idea de lo que pasa después, pero la animación es bastante lenta, así que para cuando termino casi siempre se me ocurrió algo».

Para él, escribir no es el único lugar donde viven las ideas de una película: «La animación tiene muchas facetas, y cualquiera de ellas puede tomar el control». A menudo, contó, empieza una escena con una idea de movimiento e intenta inventar una técnica para lograrla; la parte narrativa se desarrolla después, para darle contexto a lo que se ve.

La música también es suya. Colgrave, que además de animar compone, la publicó aparte como un álbum, Royal Noises from Dead Kingdoms («Ruidos reales de reinos muertos», traducción nuestra), en su página de Bandcamp.

Trabajar sin diálogos también cambia cómo circula su obra. En la entrevista con Pictoplasma, Colgrave dijo que internet le resulta enormemente útil como sistema de distribución precisamente porque trabaja sin palabras: «Algo puede prender en cualquier parte». Lo comparó con las series de televisión de Estados Unidos, que según él se ven en todo el mundo sin que se entienda cada referencia: «Todo el mundo mira, y todo el mundo rellena los huecos». «Internet tiene eso de bueno: emparejó el terreno. Cualquiera puede contar una historia que sea realmente suya».