Un montón de arena y otro de nieve se conocen, de un lado al otro del océano, mandándose objetos en una botella. Kirsten Lepore los animó en stop motion en exteriores: en una playa, en la nieve y bajo el agua.
Un montón de arena en una playa y un montón de nieve al otro lado del océano se van conociendo a través de lo que se mandan dentro de una botella. Bottle, de la animadora estadounidense Kirsten Lepore, cuenta esa correspondencia en stop motion, y la cuenta en exteriores: Lepore la animó en una playa, en la nieve y bajo el agua.
La idea empezó con la nieve. «Tuve la primera chispa hace unos dos inviernos, cuando estaba en casa, en Nueva Jersey», le contó Lepore a EOSHD. «Creo que simplemente miraba toda la nieve del patio y pensaba en lo genial que sería animar un muñeco de nieve. Nunca lo había visto hecho, y sabía que en algún momento tenía que intentarlo». La ocasión llegó en CalArts, cuando tuvo que proponer una idea para su película de primer año: volvió a la nieve y pensó que combinaría bien con un equivalente de arena.
Miraba toda la nieve del patio y pensaba en lo genial que sería animar un muñeco de nieve.
Primero vino el material y después la historia. Lepore lo explicó a Skwigly hablando de Bottle y de su película anterior, Sweet Dreams: «En esas dos películas en especial, primero elegí el material y luego construí la historia a su alrededor». Reconoce que le resulta un poco raro trabajar así, porque para ella la historia es lo más importante, «pero al mismo tiempo, como animadora y como cineasta, la película tiene que ser interesante de hacer para mí, para dedicarle un año o dos». Un material con el que no ha jugado antes la entusiasma, y la historia suele nacer de ese desafío.
El desafío fue real. Cuando EOSHD le preguntó si el rodaje había ido bien, respondió: «No fue más que problemas, en realidad: la nieve no se dejaba compactar, la arena se desmoronaba pasados los dos pies, las gaviotas se robaban mi utilería, se me rompió el control remoto de la cámara, y la lista podría seguir y seguir». De algún modo, dice, encontró soluciones y otras maneras de encarar cada obstáculo que permitieron terminar la película.
Lepore no ve ese resultado como un acabado pulido. «Para mí, Sweet Dreams y sobre todo Bottle se ven muy toscos, sin refinar, principalmente porque no trabajaba en una situación de rodaje controlada», le dijo a EOSHD. Las cámaras réflex digitales, contó en la misma entrevista, hicieron posible su paso al stop motion: «Probablemente no lo estaría haciendo ahora si tuviera que trabajar con película». A Skwigly le describió ese oficio con una comparación: el stop motion es como una cirugía, porque en medio de un plano no se puede dejar el trabajo más de quince minutos sin que las cosas se asienten.
La descripción del making-of la acredita en todo: escribió, dirigió, animó, montó y sonorizó Bottle. El sonido es parte de su manera de trabajar: salvo una canción ajena en una película anterior, contó a EOSHD, hace ella misma la música, la grabación de sonido y la edición de sonido de sus películas. A Skwigly le explicó que en sus películas propias casi siempre trabaja sola, con alguien que la ayuda en uno o dos planos de vez en cuando; es un hábito que viene de la escuela, donde la animaban a aprender todas las partes del proceso.
Lepore publicó Bottle en su canal de YouTube en septiembre de 2010, y ese año ganó el premio del público en animación de los Vimeo Awards. La reseña de Short of the Week, de diciembre de 2010, se detuvo en la decisión de salir del estudio: un stop motion rodado en exteriores, en locaciones reales, que la reseña imaginaba infernal en la práctica. La comparación que propuso fue con los grafitis de Blu, con una diferencia: Blu crea representaciones sobre el mundo, y Lepore las hace del mundo.
Para la misma reseña, el mayor acierto del corto está en cómo dos masas sin forma definida se vuelven personajes: al incorporar a su cuerpo los regalos que reciben, cada uno se va volviendo un individuo, y eso le permite al público encariñarse con ellos. Leyó ahí la soledad y el deseo de contacto, y una idea sobre la identidad, que solo se forma ante la presencia de otro. EOSHD, por su parte, destacó el diseño de sonido y el uso de arena y nieve reales, «en su mayoría».
Lepore creció en South Brunswick, Nueva Jersey. En el Maryland Institute College of Art (MICA) estudió animación experimental y pasó al dibujo a mano y al stop motion de verdad. Su película de tesis allí fue Sweet Dreams (2008).
Al terminar, mandó solicitudes a estudios y trabajó por encargo; los estudios nunca respondieron, y los encargos siguieron llegando. Volvió a la casa familiar a hacer anuncios y producciones pequeñas, con la sensación de que le faltaba técnica. «Tuve una gran formación conceptual en MICA», le dijo a Skwigly, «pero sentí que me fui de ahí sin saber nada de stop motion, como construir un muñeco de verdad o un set como corresponde». En 2009 se mudó a la costa oeste, y en CalArts encontró una enseñanza con mucha experiencia técnica, además de conceptual. Allí hizo Bottle, y allí terminó en 2012 una maestría en animación experimental.
En esa entrevista, Lepore anticipaba que su siguiente película sería «probablemente mucho más refinada en lo técnico», porque se rodaría en un estudio, y en la misma respuesta le quitaba peso a eso: «Lo que importa es la historia». Su tesis de maestría en CalArts, Move Mountain (2013), llamó la atención de Adam Muto, responsable de Hora de aventura; Lepore escribió, hizo el storyboard y dirigió para la serie «Bad Jubies», un episodio en stop motion.
Su consejo para quien empieza venía de la misma convicción: hacer lo que sale de forma natural, no obsesionarse con imitar un estilo, y concentrarse en el concepto o la historia, que es lo que mueve la animación, antes que en los aspectos técnicos o de estilo.